Gastronomía
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CRÓNICA REFECTORIUM DAVID TOSCANO

¡Come (conejo) y calla!

19/dic/07 13:14
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D.T., S/C de Tenerife

Ya que los precios han subido este ultimo año una bestialidad (todos comprobamos la subida de la materia prima desde el euro hasta hoy), podemos testimoniar la introducción en los mercados de la solución a las compras navideñas.

Bestias de largas orejas se posicionan en primera fila.

El conejo es una delicia y los canarios lo sabemos muy bien, pero dirigir la atención a una carne porque las otras son demasiado caras, suena a tomadura de pelo y no sólo por el mismo conejo al cual el pelo arrancan del todo.

El lepórido se ofrece como una solución.

Esto me recuerda a los conejos cimarrones que, liberados primero para las exigencias cinegéticas, se convierten luego en plagas medioambientales.

De la misma manera creo que las declaraciones sobre dónde dirigir nuestras compras emblemáticas revelan la manipulación del mercado de consumo y de la economía en general. Llevo tiempo diciéndolo.

Todos compramos lo que podemos; quien mejor, quien peor, todos debemos de comer con lo que tenemos. La economía doméstica lo sabe por sí misma.

Ahora te dicen una vez más: "¡come y calla!".

La verdad que arreglar la situación actual no es nada fácil y necesitamos no solamente optimismo e ilusión, sino que muchas ganas de ponernos a la obra subiendo el umbral de sacrificio y reduciendo las ambiciones.

Son fechas estas navideñas de algo especial, de las sensaciones de lujo y bienestar exasperadas, donde todo es de una luz dorada con rojos cálidos y blancos cándidos: quien pueda que se coma lo que quiera.

Puede que pasado el 6 de enero comience la verdadera restricción.

Puede que una vez premiado el sorteo de la lotería de Navidad y la del Niño, veamos más indicaciones "leporinas" en nuestros mercados.

Hay cambios sociales que están afectando nuestras mesas, está claro.

Igual que el "boom" ya lejano del desarrollo y el crecimiento cambió la dieta de todos (no siempre a saludable), las contingencias detrás de la esquina nos guían hacia un comedor nuevo. ¿Cómo será la mesa del segundo milenio?

Nadie sabe el futuro, yo ni sé todavía lo que voy a cocinar en mi casa por Navidad. Así que tampoco me hagan mucho caso cuando digo que el mañana será más austero.

El mío sí lo será, porque así querré.

Ampliaré mi huerta que ya me abastece, cocinaré con lo que hay y con toda la consideración de mis 50 años: serán platos exquisitos para un mundo pequeño y respetuoso. Estamos preparados para un universo así.

Ahora, a disfrutar de estos días, tomando consciencia de lo que es el alimento y la mesa; gozando de la sencillez de la vida, sin perdernos en el torbellino del consumismo masivo que borra nuestra identidad y nuestro cariño.

Los vecinos, aquí en el campo, me han invitado en su salón y tomaremos vino nuevo. Brindaremos por nuestra cocina, nuestra amistad y para el conejo que hasta mi gata caza desde que maduró como felino. Feliz Navidad a todos y gracias por saborear palabras en este espacio del "Refectorium", que estos días de ajetreo ha saltado del lunes habitual al miércoles.

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