PARECE INCREÍBLE que tanto televidente que a diario contempla las pantallas de TV (Digital + Canales CNN+24 horas 15 y 70), no caiga en la cuenta -palmeros, gomeros, herreños y majoreros- de que sus islas son inexistentes, viéndose sólo espejismos difuminados como si de la de San Borondón se tratara. Sin embargo, a Tenerife, Gran Canaria y Lanzarote se les ponen sus nombres y excelencias climáticas de hora en hora, lo que les significa una gran propaganda de promoción turística sin costarles ni un chavo, nombre éste que se daba a las monedas de diez céntimos.
La triste desgracia para unas y agraciada suerte para otras, como si las primeras fueran hijas habidas o naturales y legítimas las segundas, es que con lo de la autonomía de Canarias los listos se pasan y los tontos se quedan cortos, sin que el poder autonómico sepa compartir la autonomía entre siete raciones sin dejar que cada comensal se sirva la suya a riesgo de apropiarse la totalidad. Y si al Archipiélago se le llamaba afortunado y se le vende en el mundo por su clima, lugar de los Campos Elíseos para Homero, "sin experimentar nieves ni inviernos rígidos ni lluviosos, sino un perenne aire fresco, nacido de las respiraciones de las céforas que el océano exhala", no parece justo que ese patrimonio mancomunado sea de provecho de unos comanditarios en exclusiva, mientras que otros hacen de impasibles Tancredos, viéndose discriminados por no tener dos dedos de frente, o por pensar en que lo mejor es tener la boca cerrada para no perjudicar sus propios intereses, sin ejercitar, cuando menos, el derecho al pataleo, exigiendo, con los mayores respetos que, o jueguen todos, o se rompe la baraja.
¿Para cuántas personas y tantos lugares sólo tres islas gozan en Canarias de su proverbial buen tiempo, ya que se les mencionan como las ejemplares, mientras a las restantes se las ignoran en los informativos de TV porque se mueren de frío o por su inexistencia geográfica?
No cabe duda de que si se compara la información televisiva del tiempo en Canarias con cuantas se hagan por distintos medios de propaganda, con altos costes presupuestarios, la de la primaveral temperatura en las islas que se nombran bajo un radiante sol, entrando de hora en hora y día a día en los hogares que en Europa sufren los rigores del frío es la más efectiva por todos conceptos, y que las nombradas sean las conocidas al tiempo de programar una vacación en Canarias. Los bajo cero de Moscú, Helsinki, Berlín o Londres, Ávila, Madrid o La Coruña, restantes temperaturas que la TV prodiga, "in mente" subconsciente, los nombres de Tenerife, Gran Canaria y Lanzarote, surgen como por ensalmo.
Algo tan importante como el impacto propagandístico de la TV no se ha tomado en cuenta por los ínclitos directivos del turismo, para que los nombres de las siete islas canarias, con sus soles y temperaturas, aparezcan por igual en la información del tiempo, exigiendo justicia distributiva para que ninguna resulte preterida. Y es hasta posible que no haya existido propósito preconcebido, y como la presunción de inocencia hay que concederla por añadidura y mandato constitucional, bueno será que, por el Gobierno canario o por los Cabildos Insulares, se subsanen las omisiones articulando una solución que pudiera ser alternativa: o se iluminan y nombran las siete islas bajo un único sol y temperatura media archipielar, o que todas y cada una se procuren sus propios nombres, soles y grados de temperaturas.
Si los "regionalistas" partidarios de la lista única autonómica "archipielágica o regional" (dos disparates por uno, como en las ferias), la piensan como medio electoral para hacer a Canarias región ¡Una, Grande, Libre!, como la España del Caudillo, lo primero sería unificar la temperatura y decirle al mundo del turismo que el Archipiélago canario está formado por siete islas, grandes, pequeñas, medianas o más chicas, pero todas viviendo con buena salud en igualdad de condiciones climáticas, aunque con microclimas más insularizados que la autonomía, y que el Sol Naciente del archipiélago japonés también nace para toda Canarias.
Se está haciendo hora, pues vamos retrasados, de que se conozca en España y se enseñe en Canarias que cuando llueva en unos u otros espacios territoriales el agua moje por igual, y lo de llover tiene un sentido figurado, de que la autonomía sea distributiva, desconcentrando de Madrid y no concentrando en dos Islas, aunque sea a tres el protagonismo televisivo. Los ejemplos contrarios se amontonan, como que un Estatuto de capitalidad sea para comer a dos carrillos capitalinos y las capitales insulares se dejen en ayuno; que a la capitalidad del distrito hipotecario de Santa Cruz de La Palma se la traslade a La Orotava, por estar más cerca del registrador-liquidador que vive en Puerto de la Cruz, cuando hasta el Estado central insulariza los provinciales Registros Mercantiles; que el Acuerdo Schengen, creando los puertos frontera para el libre tránsito de personas y mercancías desde 1985, de aplicación en 1995, establecidos los de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas, con el añadido de Arrecife y sumado el de Puerto del Rosario, quedando el de Santa Cruz de La Palma a la luna de Valencia; que las Autoridades Portuarias provinciales se designen "Puertos de Tenerife" y "Puertos de Las Palmas", cuando los de las otras islas tienen como nombres propios Santa Cruz de La Palma, San Sebastián de La Gomera y Valverde, al Occidente; y Arrecife y Puerto del Rosario, al Oriente. Y claro, es que tanto agravio acumulado es un abuso en demasía y agota la paciencia el ver tantos listos aprovechados y cuantos tontos consentidos, perdonando a los segundos porque no saben lo que hacen. Pero los listos de Tenerife sí que debieran preguntarse el por qué de esa deferencia ahora de los grancanarios con Lanzarote, situándola como tercera isla, puesto antes ostentado por La Palma, beneficiando al puerto de Arrecife como frontera Schengen, cuando el de Santa Cruz de La Palma tuviera el primer Juzgado de Indias, porque al criterio de Felipe II era el más comercial y de mejor situación de Canarias en el camino de América. Mientras, los tinerfeños se olvidan de La Palma. ¿No caen en la cuenta de mal pensar que por algo será, y que bien pudiera ser que el progreso de Lanzarote rompe el empate de la compartida capitalidad con Santa Cruz de Tenerife?
Todo hace mal pensar que en la contienda del pleito insular, endemia canaria, los intereses económicos hegemónicos median más que los políticos, incluso para los propios partidos, que se creen lo que la Constitución les dice que "expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumentos fundamentales para la participación política", cuando es una pura retórica para los verdaderos poderes fácticos capitalistas, porque no hay poder político capitalino sin el capital. Se equivocaba Miguel Hernández al decir: "No volverán los bueyes a medrar en los páramos de España". Lanzarote, como isla hermanada con Gran Canaria, más la beneficia con cuanto desarrollo experimente que la perjudique en ningún orden competitivo, pero al parecer la oligarquía comercial e industrial tinerfeña no parece pensar lo mismo, y por tradición deshermana a La Palma con el equivocado criterio de considerarla competitiva. En la isla redonda se calcula mejor la continencia política y la electoral, elevándose en Lanzarote su censo de población, y por ende de sufragios, mientras de Tenerife a la Isla Bonita se la deja en vida contemplativa ante el espejo.
Si con pesar se critica a Tenerife que no dispense a La Palma un igual trato que Gran Canaria a Lanzarote, y de seguro se me dirá estar equivocado, como prueba irrefutable aportaría la de no haberle proporcionado su empresariado ni un solo duro (moneda antes de 5,00 pesetas) de la Reserva para Inversiones en Canarias (RIC), incentivo que permite reducir las bases imponibles en el Impuesto de Sociedades para dinamizar la economía canaria, generar empleo y riqueza económica y social. Que La Palma se está arruinando -como los "gitanos que iban por el monte solos" (García Lorca), se acabaron las sociedades y empresarios que pudieron haber generado RIC- y Lanzarote progresando, no sabemos si con RIC de Gran Canaria primero y al presente con el suyo, que viene alguno a invertirse en La Palma, es una verdad de Perogrullo, obligado se hace preguntar: ¿por qué la materialización de la RIC -que entró en vigor a partir del 1994 para su aplicación en el Archipiélago- de las empresas tinerfeñas no favorece a La Palma, que sólo tiene planes, en la realización de los mismos, para conseguir un crecimiento sostenible en la difícil situación a la que ha llegado su economía monocultivista platanera? ¿Es que no se sabe que ya hay más inmigrantes palmeros en Tenerife y Gran Canaria que subsaharianos y magrebíes? ¿Ni que, por ejemplo, Santa Cruz de La Palma, antes tan progresista y orgullosa, está estancada, y que si en 1900 contaba con 11.000 habitantes, en 2003 sólo ascendió a 18.201, a 17.857 en el 2004, a 17.788 en el 2005 y a 17.640 en el 2006, y la sangre sigue manando?
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