G. M., S/C de Tenerife
La Sección Quinta de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife celebró ayer el juicio oral contra los tres acusados del intento de homicidio de A.H.M. el 22 de mayo del año pasado en su domicilio del santacrucero barrio de Los Gladiolos.
La vista se caracterizó por las versiones contradictorias argumentadas por los tres acusados y la hermana de éstos (menor de edad en el momento de la agresión), y la de la víctima y dos testigos presenciales. De hecho, el magistrado presidente interrumpió hasta en dos ocasiones la prueba testifical para recordar a los implicados que el hecho de manifestar un falso testimonio es un delito gravemente penado que puede, incluso, conllevar la cárcel.
Las declaraciones de los dos jóvenes procesados y de su padrastro apuntaron a que el citado día fueron avisados por un amigo de que su hermana, de 17 años, se encontraba en casa de A.H.M. cerca de la medianoche, por lo que se dirigieron hasta allí para "rescatarla".
"Mi hermana tiene problemas con las drogas desde hace tiempo e, incluso, se ha prostituído, así que cuando nos avisaron de que la habían oído gritar, mi hermano y yo fuimos a buscarla y avisamos a la pareja de mi madre para que viniera porque no sabíamos donde era la casa", declaró J.G.C.
Según esta versión, ratificada por el otro hermano, una vez que subieron se encontraron a su hermana saliendo del piso con la camisa y las manos llenas de sangre y detrás de ella al hombre, por lo que ambos le propinaron varios puñetazos y patadas antes de irse de allí, momento en el que ella, acompañada por su padrastro les gritó "déjenlo que ya le piqué".
Esta circunstancia fue confirmada por la joven, que aseguró haber subido al piso para consumir cocaína y que, al hacer el ademán de irse después de haber esnifado ocho rayas, el hombre se lanzó encima de ella para forzarla sexualmente, por lo que cogió el cuchillo con el que habían cortado la droga y se lo clavó en dos ocasiones. Fue justo al salir cuando se encontró con sus hermanos que golpearon al hombre, que ya se había incorporado mientras ella permanecía con su padrastro.
Por su parte, la víctima dio a conocer otro punto de vista totalmente diferente y afirmó que había conocido a la joven hacía unos días y que, incluso, habían ido juntos a la playa. "El 22 de mayo ella me pidió un cigarro y yo le dije que no tenía, pero en casa sí y ella me dijo de subir. A mí ya me habían avisado de que tuviera cuidado con ella, pero subimos. Una vez arriba, oyó los gritos de sus hermanos en el descansillo buscándola y me pidió que no abriera la puerta porque le pegarían, pero yo le dije que no quería problemas y le pedí que se marchara. Por la ventana vi como hablaba con sus hermanos en la puerta del edificio y volvían a subir. Cuando les abrí la puerta para hablar, uno de ellos me dio un puñetazo sin mediar palabra alguna y el otro una puñalada cerca del corazón, para que, a continuación, volviera a apuñalarme el primero, esta vez junto al pulmón, momento en que me quedé inconsciente y caí al suelo". Por su parte, dos testigos presenciales apoyaron esta última versión afirmando que los dos jóvenes les habían destrozado su puerta creyendo que era la de la víctima y que luego los vieron hablando con su hermana exigiéndole que le dijera el piso en el que vivía la víctima o "le pegaban". Los acusados se enfrentan a la petición solicitada por el Ministerio Fiscal y la Acusación Particular de siete años de prisión, mientras que el letrado de la defensa solicitó la libre absolución y centró su alegato en la culpabilidad de la menor.
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