J.D. MÉNDEZ, S/C de Tfe.
La de ayer parecía una mañana cualquiera en el viejo edificio central de la Universidad de La Laguna. Con más frío dentro que fuera, alumnos (cada vez menos allí) soñolientos, reparto de panfletos, algún pañuelo palestino como síntoma de moderna rebeldía y el bar más lleno que cualquier clase o biblioteca. Pero no era un día como los demás. Lo demostraba un pequeño rincón en el hall, a la izquierda de la entrada, lleno de exvotos, desde placas que recuerdan el hecho hasta un mural con recortes de prensa de la época con la noticia y sus consecuencias posteriores. Flores, velas y un gran cartel con una cara, la de Javier Fernández Quesada. Ayer hizo 30 años que su familia y sus amigos se quedaron sin Javier, estudiante de Biología, tiroteado por la Policía tras una intensa jornada de lucha estudiantil y obrera por la libertad en pleno tardofranquismo.
La Universidad de La Laguna celebró ayer un acto de homenaje en este XXX aniversario de su muerte por el estudiante, que tenía entonces 22 años y en esa intensa jornada de huelga caía herido en las escaleras y moría en el hall después de ser conducido por sus compañeros al interior del edificio.
El actual rector, Eduardo Doménech, depositó un ramo de flores a los pies de la placa conmemorativa del luctuoso hecho ante una treintena de personas. Aludió a una jornada de "recuerdo para uno de los días más negros para esta Universidad; yo diría que el más triste de todos". Añadió que "la Universidad vería con muy buenos ojos que al amparo de la Ley de la Memoria Histórica su caso fuera objeto de reparación... Implicaría reconocer que lo que aquí sucedió no fue fortuito. Son tiempos que ya pasaron, pero no debemos olvidar".
La familia.- Desde Las Palmas se desplazaron la madre, Dolores, un hermano Luis y una sobrina, Luna, de Javier, tres generaciones de la familia para estar presentes en este tributo a su memoria. Dolores, madre de cinco hijos varones de los que se han muerto tres, igual que su marido, Ezequiel Fernández, con una enorme entereza de ánimo explicó que "no quiero dinero, aunque si viene lo cogeré, porque tengo hijos y nietos. Lo que pido es justicia y que se le recuerde porque nadie me ha dado una respuesta ni me ha pedido perdón. Agradezco al pueblo de toda Canarias y a la Universidad de La Laguna su apoyo y este acto con un hijo que tantos años después sigue conmigo y que me duele como ese día".
Dolores recordó cómo "la confirmación de su muerte me llegó por la televisión cuando dijeron su nombre. Yo tenía dos hijos más estudiando aquí, Ricardo y Carlos, que le pusieron las primeras flores de otras tumbas en el cementerio de San Luis, a donde lo llevaron antes del traslado a Las Palmas donde está enterrado. A él le gustaban mucho las flores y los animales. Así que me fui a Las Mercedes, cogí unas hojas y se las puse encima del féretro. En Los Rodeos hubo de todo, mucha tensión, la gente indignada y la Policía cargando. En el cementerio, la Guardia Civil rodeaba el recinto y quisieron hablar conmigo, pero no podía soportarlo y me negué".
Un libro sobre Javier.- La Escuela Universitaria de Magisterio acogió anoche la presentación del libro de Miguel Ángel Díaz Palarea "Javier Fernández Quesada. No olvidamos", acto que sirvió de colofón a un día de homenajes. Allí acudió su hermano Carlos para tomar el testigo del resto de la familia. El libro, publicado por Nación Canaria CCT y el CCPC narrado en clave de ficción por un actor directo de los acontecimientos, supone "un homenaje a la lucha desigual que sostuvieron en la década de los setenta los trabajadores del frío industrial, tutelados por la Confederación Canaria de los Trabajadores (CCT).
La lucha por las mejoras laborales en aquel convulso 1977 tuvo como punto de inflexión una huelga general apoyada por los estudiantes, en la que murió Javier Fernández Quesada por un "disparo al aire".
Un disparo que sigue, 30 años después de que ocurrieran los hechos, doliendo a casi todo el mundo porque las respuestas a tantas preguntas se mantienen ahí, en el aire, pese a que esta Universidad de La Laguna, como la misma sociedad, sea distinta, con vigilantes de seguridad, tranvía de fondo o párking lleno de coches... Pero hay cosas que no cambian nunca.
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