COMO si de la visita de un mandatario de viaje por el extranjero se tratara, el vicepresidente primero del Cabildo Insular de Tenerife ha recibido al cónsul general de Alemania en Las Palmas. La cortesía entre cargos públicos está muy bien, lo que pasa es que hay que mirar también por el significado que gestos de ese tipo pueden adquirir a los ojos del público. Veamos. Santa Cruz de Tenerife tuvo, tiempo ha, un cónsul alemán para atender a la abultada colonia que, de forma permanente, reside en la isla (sobre todo, en el Valle de La Orotava y Bajamar), así como en La Palma, sin contar el gran número de turismo de esa nacionalidad que llega cada día. Por citar un nombre entre los cónsules germanos más recordados, ahí está el de Jacobo Alhers. Ahora existe un consulado, pero de menor rango; su titular es honorario. Al recibir al representante de "gran" Canaria -y publicitarlo-, el vicepresidente primero del Cabildo le da al acto casi el carácter de visita de supervisión sobre una jurisdicción dependiente de Las Palmas. José Manuel Bermúdez podía haber aprovechado el encuentro para preguntar a su interlocutor por qué se trasladó la representación de su país a la isla redonda. La verdad, no creemos que fuera por una razón basada en el número de residentes; más bien pudiera ser que, una vez más, funcionara la maquinaria "diplomática" de los canariones en Madrid. Por cierto, ¿alguien ha hecho desde Tenerife gestiones en sentido contrario?
Pero lo ocurrido con el Consulado alemán no es un caso único. Antes se fueron de Santa Cruz las representaciones consulares de Suecia (con una colonia de residentes fijos en Los Cristianos) y Cuba (recordemos a dos de sus más conocidos cónsules: José Clavijo y Carlos González). ¿Qué pasó para que estas oficinas dejaran de funcionar en la capital tinerfeña y, en cambio, siguieran -o, en su caso, se trasladaran- en Las Palmas? Nos da la impresión de que aquí más de uno se ha dejado dormir y ha permitido que los de al lado nos arrebataran representaciones que tenían perfecta razón de ser en la capital tinerfeña. Y seguro que habrán sido determinantes las gestiones que, ayudados por los partidos estatales, habrán realizado durante estos años los políticos canariones, más astutos que los nuestros.
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