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EL VARISCAZO MONTY

La centralización en la vecina cocapital

8/dic/07 04:07
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En estas fechas prenavideñas, el azar me ha convertido en acompañante habitual de un familiar aquejado de una lesión en una pierna, que acude a un centro privado de rehabilitación concertado con una aseguradora multinacional con apellido de guanarteme, en su sección de diversos. Y esto no tendría mayor relevancia sino fuera porque, de forma incomprensible, la gestión del expediente se verifica de una forma totalmente subjetiva desde la vecina cocapital.

Inexplicablemente y pese a la existencia de innumerables oficinas de dicha empresa, repartidas por esta isla y las restantes que conforman esta provincia occidental, no se puede gestionar en ninguna de ellas una incidencia que afecte a una póliza de seguro de accidentes individuales. Para tratar de solucionar cualquier suceso casual, hay que llamar obligatoriamente a la central de Las Palmas y expresar por teléfono el alcance del daño causado. Entonces, y sólo entonces, el tramitador/ora del iniciado expediente, siempre por teléfono, deriva al afectado a una clínica privada concertada, dándole a éste la opción de poder elegir la más acorde, por cercanía o por referencia favorable.

Una vez acudido al centro, el médico asignado, en este caso un traumatólogo, determinará las pruebas necesarias para confirmar un diagnóstico y entonces se recomienza el cruce de informes a la isla redonda, para que den luz verde a las pruebas. Un tiempo de espera que vendrá en función de la diligencia del tramitador. Finalmente, si el diagnóstico lo exige, se autoriza como una gracia especial la operación. Mas, hete aquí que si se producen problemas secundarios derivados de dicha acción quirúrgica, las solicitudes posteriores son miradas exhaustivamente con lupa, incluso pidiendo la ampliación de informes, para concluir (y éste es, a mi juicio, el mayor contrasentido) en la derivación del paciente a un centro rehabilitador con la limitación previa de las sesiones, determinadas absurdamente por unos módulos subjetivos que nada tienen que ver con las condiciones de cobertura del asegurado, ni con su respuesta positiva a dicho tratamiento. Una directriz que culmina en la mezquindad de limitarle el pago del transporte a que tiene derecho, sólo durante las primeras cinco sesiones. El resto habrá de costeárselo de su peculio.

Ante las reiteradas quejas telefónicas manifestadas por mi familiar afectado, la respuesta ha sido prácticamente la misma, tan sólo con la pírrica victoria de financiarle otros cinco transportes, advirtiéndole severamente que no están dispuestos a pagarle ni un céntimo más.

Llegado a este punto y después de examinar detenidamente las condiciones de la póliza suscrita, de cobertura ilimitada por dos años, uno se pregunta dónde se hallará la ética de esta poderosa aseguradora y cómo es posible que no deriven al paciente a un médico rehabilitador concertado en Santa Cruz de Tenerife, para que valore objetivamente el alcance de la lesión y determine la pauta sanadora. Ante tal desamparo legal, es muy posible que mi familiar, aburrido por tantas negativas, opte por ponerse en la interminable cola de la sanidad pública y arriesgarse a padecer una secuela crónica para toda la vida.

Ésta es sólo una muestra más de la deshumanización de estas empresas, que pintan de rosa las condiciones de contratación de una póliza y dejan mucho que desear a la hora inesperada de reclamar sus prestaciones. La ética y la responsabilidad quedan diluidas por el superávit de las cuentas de beneficios, minorizando los gastos en perjuicio del contratante de un servicio inexistente o limitado por las innumerables triquiñuelas y trabas burocráticas que dejan indefenso al que, de forma voluntaria y en espera de una sanidad más eficaz, se arriesga a suscribir estos presuntos engañosos conciertos.

En resumen, otro millo más que se arrayan los canariones para capitalizar un derecho de asistencia privada, que debiera ser igualitario para todas las islas y que como tantos otros organismos públicos y privados tiene su sede, y el mando supremo, en la isla tercera.

jcvmonteverde@hotmail.com

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