La presidenta en funciones de Coalición Canaria, María del Mar Julios, ha declarado ante los medios de comunicación -en general bastante estupefactos- que el Gobierno autónomo ha elegido para dirigir los designios de la TV Canaria y la radio adyacente, todavía por inaugurar y sin empezar a emitir, a los profesionales más idóneos, entre los que se encuentran Willy García y Teresa Cruz, el primero director general de la cosa, cargo al que accede al menos con una experiencia ante los micrófonos de bastantes años, pero sin ninguna garantía como gestor y con una tendencia profesional al "chou" amarillista; y la segunda, jefa de informativos de la radio autonómica, sin más méritos profesionales que haber danzado de un lado para otro -de institución en institución- enchufada siempre por su amante esposo, Larry Álvarez, segundo en el PP del archipiélago, y que ni por esas: la echan de todas partes. y uno se pregunta que por qué será.
Está claro. Ningún responsable político reconocerá que se pone gente en el machito cobrando unos sueldos del copón (121.000 euros al año para el director general de La Suya), simplemente por amiguismo y sabiendo que serán unos mandados que acatarán en todo momento las directrices que se les marquen. Mayormente, ahora, en vísperas electorales. Lo normal es que digan que son las personas idóneas, aunque no expliquen por qué. No hay ni currículos, ni perfiles, ni experiencias acumuladas que justifiquen esa presunta idoneidad que, por otra parte y si somos sinceros, no es exigible en absoluto. Los periodistas somos muy tiquismiquis y críticos en cuanto nos tocan la profesionalidad. Pero, la verdad es que un presidente de Gobierno nombra a sus más directos colaboradores -ministros o consejeros, según los casos- sin que rindan cuentas para nada sobre la dichosa idoneidad de los elegidos. Un consejero o un ministro al que se le encarga el departamento de Sanidad, un suponer, no tiene por qué saber poner una inyección o cómo dirigir un geriátrico. Es más, resultaría hasta conveniente que un director general de tráfico no supiese conducir, así nadie le podría acusar de haberse saltado las normas. Pero, en cuanto se trata de algo relacionado con el periodismo y los medios, hala, las críticas saltan como chispas en una fragua.
¿Por qué será?... ¿Acaso porque la información es un arma poderosísima en manos de los gobiernos y porque la sociedad aspira a que los medios de titularidad pública sean objetivos y plurales y no están sometidos a presiones de ningún tipo, lo cual parece imposible cuando la idoneidad de sus gestores se encuentra en entredicho?... ¿Tal vez porque esos mismos gestores han de distribuir unos dineros que no son del gobierno, sino de todos los contribuyentes, tan importantes como para dinamizar una industria audiovisual que no esté plegada a los caprichos y querencias de los políticos en el poder?... Vayan ustedes a saber, oigan. Igual se trata de todo eso, María del Mar.
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