QUIZÁS no exista en el mundo cocina nacional más vapuleada que la inglesa. Los usos culinarios y los gustos gastronómicos del Imperio fueron materia de inspiración para los humoristas durante mucho tiempo, y hasta los políticos, en ocasiones, pecando de una falta suicida de diplomacia, no han dudado en atacar abiertamente esos hábitos y querencias. No hace tanto que el ex presidente francés Jacques Chirac dijo públicamente y cuando aún ostentaba el cargo, que la cocina inglesa era la peor del mundo, sólo después de la de Finlandia. Los fineses no protestaron, pero los británicos, pese a que están acostumbrados a tales críticas que no han cesado a lo largo de la historia, se sintieron dolidos.
Repasando los comentarios más célebres sobre la coquinaria de aquel país, recojo unos cuantos botones de muestra de lo más ilustrativos:
"Pones los ingredientes en agua caliente y los sacas después de un rato; eso es la cocina inglesa" (anónimo).
Pierre Daninos: "Los ingleses inventaron la sobremesa para olvidar la comida".
Margaret Halsey: "Los ingleses jamás insultan a alguien o le rompen la cara. Se limitan a invitarlo a cenar".
Somerset Maugham: "Para comer bien en Inglaterra, debes desayunar tres veces al día"
George Mides: "En el continente la gente tiene buena comida. En Inglaterra la gente tiene buenos modales en la mesa".
Bernard Shaw: "Si los ingleses pueden sobrevivir a su comida, pueden sobrevivir a todo".
Quizá en "Florilegio de frases envenenadas", de Gregorio Doval, de donde he extraído éstas citas, puede el lector encontrar alguna más.
Pero, como decía al principio, hay mucho de tópico entre maledicente y bienhumorado en este vapuleo histórico a la cocina inglesa. Ahora mismo el celebérrimo y archigalardonado chef francés Alain Duchase acaba de abrir un restaurante en Londres de lujo y los principales y los más atractivos platos de su carta se inspiran en esa culinaria tan denigrada que él considera muy interesante (habrá sinceridad en las palabras del cocinero, pero también diplomacia: no se puede herir impunemente los sentimientos de la potencial clientela).
De modo que Duchase ha adaptado, por ejemplo, el chicken pie (un popularísimo pastel de pollo que se vende incluso en la vía pública, presentándolo como un finísimo vol-au-vent; y ahora el maestro galo está buscando técnicas e inspiración para transformar el tradicional y consumidísimo plato de fish and chips (pescado con papas fritas) en una virguería creativa que deje a los londinenses boquiabiertos al comprobar el manjar que tenían ahí, de toda la vida, y no se habían dado cuenta.
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