¿QUÉ PASA con las obras en Tenerife, que no salen o se retrasan indefinidamente? Ésa misma pregunta se la hacen muchas personas en la isla, que no entienden lo que está ocurriendo. Son ya años los que dura el debate, reflejado multitud de veces en estas páginas, pero la actitud sigue siendo la misma en los dos bandos: el de los que ponen obstáculos para que Tenerife no avance y progrese económicamente y el de quienes tienen la obligación de que ocurra justamente lo contrario. Entre los primeros hay que situar al ecologismo intransigente y, hasta cierto punto, incoherente con lo que practican quienes salen a la calle a gritar pancarta en mano; entre los segundos hay que contar a los políticos con poder para impulsar los proyectos, animar a los perezosos y lograr consensos. Y, como ejemplos de lo que está pasando, aunque podrían buscarse muchos más, cuatro de última hora: el anillo insular de carreteras, la línea eléctrica del Sur, la planta regasificadora de Granadilla y la remodelación de la playa de Las Teresitas y su entorno.
En los dos primeros casos, ha sido el alcalde de Guía de Isora, el socialista Pedro Martín, quien ha dado la voz de alarma para recordar que todavía hay suelo sin expropiar por donde debe pasar la carretera que cierre ese círculo llamado anillo que permitiría dar la vuelta a la isla sin salir de una vía de, al menos, cuatro carriles, tan necesaria para conectar adecuadamente el Norte con el Sur, y demandada desde hace ya bastantes años; además, acaba de decir que su comarca no tiene garantizado el suministro eléctrico por dos motivos: no se produce suficiente potencia de energía para una línea preparada para 220 voltios y sigue sin construirse la estación transformadora de Los Vallitos, en Adeje, imprescindible para que la electricidad llegue al extremos Suroeste de Tenerife a esa potencia.
El tercer caso es el de un ayuntamiento -el de Granadilla, gobernado por CC, PP y un concejal ecologista- que ahora se descuelga con una petición incomprensible: que la regasificadora se construya en el mar, un capricho que el Estado no está dispuesto a financiar, o sea que adiós obra. Finalmente, la remodelación de la playa de Las Teresitas no arranca. Los tribunales han echado abajo la compraventa de los terrenos, algo que alegrará bastante a los defensores de Las Canteras y Las Alcaravaneras, que se quedan sin su principal competidora. El regocijo de los enemigos de Tenerife es evidente. Y nosotros, mientras, pagándoles sus obras, para que sean más poderosos.
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