AGENCIAS, Madrid
El actor, cineasta y escritor Fernando Fernán-Gómez falleció ayer a los 86 años a causa de una insuficiencia cardiorrespiratoria en el Hospital de La Paz de Madrid, donde ha permanecido ingresado casi un mes en la unidad de oncología. La capilla ardiente de Fernán-Gómez se instalará hoy en el teatro España, según avanzaron fuentes del Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid.
Fernán-Gómez fue académico de la Lengua, premio Príncipe de Asturias de las Artes (1995) y uno de los actores más reconocidos del cine español, donde cuenta con siete Premios Goya, más que ningún otro artista.
Nació el 28 de agosto de 1921 en Lima, durante una gira que realizaba por Latinoamérica su madre, la actriz Carola Fernán-Gómez, y fue inscrito en el consulado de Buenos Aires, por lo que conservó la nacionalidad argentina hasta 1970, en que se nacionalizó español.
En su filmografía figuran títulos como "Botón de ancla", "La venganza de Don Mendo", "Ninette y un señor de Murcia", "El espíritu de la colmena", "Mamá cumple cien años", "La colmena", "Esquilache", "Belle Epoque", "El abuelo", "Todo sobre mi madre", "La lengua de las mariposas" o "Tiovivo c. 1950", a las que hay que sumar las que dirigió, y entre las que destaca "El extraño viaje".
Su carrera literaria, que comenzó con la novela "El vendedor de naranjas" (1961), incluye obras de teatro como "Las bicicletas son para el verano", poesía ("El canto es vuelo"), autobiografía ("El tiempo amarillo: memorias") y libros de relatos ("La escena, la calle y las nubes").
Divorciado de la cantante María Dolores Pradera, con la que se casó en 1945 y con la que tuvo dos hijos, Fernando y Elena, Fernán-Gómez contrajo matrimonio en 2000 con la actriz Emma Cohen.
Un "holgazán" prolífico
Fernán Gómez siempre quiso vivir de las rentas. Eso decía, al menos, aunque sus 86 años fueron un monumento al trabajo. Un "holgazán", en palabras propias, con una biografía estajanovista labrada en 210 interpretaciones, 27 películas como director, en un sinfín de obras de teatro, novelas, guiones, conferencias, poemas y artículos periodísticos.
Se definía como actor -"Nací actor, hijo y nieto de actores, y cuando hago otras labores, como dirigir o escribir, lo hago como actor", sostenía-, pero un actor enamorado de la letra impresa y encadenado voluntariamente a ella. Poliédrico y brillante, el pelirrojo más célebre de la escena y el celuloide españoles atravesó casi siete décadas y otras tantas generaciones de espectadores.
En las raras entrevistas que concedía, admitía que había aceptado casi todos los papeles que le ofrecieron a lo largo de su vida.
Era un tímido enfermizo y huraño voluntario "para que me dejen en paz". En los últimos años, sus apariciones en cine y televisión, intermitentes al compás de sus achaques de salud, lo mantuvieron vivo para el gran público, aunque no tanto como sus arranques de mal genio. Justa o injustamente, para la posteridad queda el célebre "¡A la mierda!" que le regaló a un admirador pesado.
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