Estudio. Los flujos migratorios pueden ayudar a la lucha contra la pobreza global, según un estudio de la OCDE presentado ayer en Berlín. Sin embargo, para que ello sea posible es necesario que se pongan en marcha, tanto en los países de origen como en los países receptores de flujos migratorios, políticas que potencien sus efectos benéficos y minimicen sus efectos negativos, tal y como señala el documento.
Fuga de cerebros. El estudio recomienda a los países de la OCDE buscar esquemas que permitan reducir el efecto de la fuga de cerebros sobre al economía de los países más pobres, así como crear esquemas que intensifiquen el contacto de los inmigrantes bajamente calificados con sus países de origen. Entre otras cosas, se sugiere la expedición de visas de entrada múltiple y tomar medidas para facilitar el envío de remesas de dinero. El citado documento explica que mientras la migración de trabajadores de baja cualificacion tiene un gran impacto en la lucha contra la pobreza en los países de origen, la de personas de alta cualificación la perjudica.
Los de baja cualificación. En este sentido, la OCDE precisa que los trabajadores de baja cualificación tienden a enviar a casa más remesas de dinero, con frecuencia no salen de sus países acompañados por sus familias y su salida del país, además, contribuye a reducir el desempleo. Concretamente, una alta proporción de los trabajadores de baja cualificación que emigran a los países de la OCDE provienen de países considerados de medianos ingresos -especialmente de América Latina, el este de Europa y Asia Central-, mientras que sólo un pequeño porcentaje proceden de los países más pobres del África subsahariana y el sur del Asia. En cambio, las migraciones de trabajadores cualificados -la llamada fuga de cerebros- es un problema endémico en los países pobres, según un estudio de la OCDE presentado ayer en Berlín.
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