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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

¿Deshacer las Américas?

21/nov/07 07:30
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CRECE el desánimo entre las grandes empresas españolas con inversiones en Iberoamérica. Durante los últimos años, después de que primero Kirchner en Argentina y luego Evo Morales en Bolivia iniciaran una campaña abierta contra ellas, los responsables de las grandes compañías se han estado encogiendo de hombros mientras procuraban aguantar el tipo. "Ganamos dinero, pero?" era la frase más oída en cualquier acto, foro o cenáculo. Sin embargo, tras la el altercado con Hugo Chávez se ha pasado de la resignación inevitable y el temor latente, al pánico todavía un tanto encubierto aunque real. Hasta los más optimistas empiezan a darle la razón a los desconfiados sempiternos; esos para quienes sólo hay una razón de que hayamos podido desembarcar en los negocios sudamericanos: la retirada de los gringos.

Un empresario puede soportarlo todo menos la inestabilidad. En este aspecto, el dinero es muy cobarde. Lo es porque por muy exiguos que sean los beneficios, por muchos impuestos que se deban pagar -por encima o por debajo de la mesa, como en el Guateque madrileño pero también en estos alrededores; sólo falta que alguien se canse y tire de la manta-, por muchos esquemas de gobierno decimonónicos que cualquier hombre de empresa esté condenado a padecer, un emprendedor con amplitud de miras y capacidad para gestionar situaciones puede cosechar ganancias. Los buenos marinos navegan en contra del viento. Bregar con la inestabilidad es diferente. Sobre todo cuando media la inseguridad jurídica y administrativa.

Dos han sido las crisis recientes de España en el escenario internacional. La primera, sobra recordarlo, se desencadenó con Marruecos tras la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla. Pese a que Rabat ha llamado a consultas a su embajador en Madrid -y aún no ha vuelto-, en ningún momento los dos gobiernos implicados han mencionado posibles represalias económicas. Al contrario, se han referido a la importante presencia de empresas españolas en Marruecos, así como al elevado número de emigrantes magrebíes que viven y trabajan en España, como principal razón para superar cuanto antes el desencuentro.

Hugo Chávez, en cambio, ha optado por el único camino a su alcance para causarle daño al Ejecutivo de Zapatero, a la Monarquía española y, en definitiva, a un país que tiene entre ojos -a estas alturas con independencia de quien lo gobierne- porque no le ríe del todo sus bravatas. No existe ninguna otra razón, aunque él porfíe una y otra vez en un colonialismo que acabó hace casi dos siglos. En no mucho más tiempo, los Estados Unidos han pasado de mera colonia británica a primera potencia mundial. Sobra decir que al contrario de los marroquíes que viven en España y los españoles que residen en Marruecos, Chávez se olvida de los venezolanos que están en nuestro país y de los españoles que llevan toda su vida en la ahora República bolivariana. O, mejor dicho, sí se acuerda. Se acuerda de su existencia para expropiarles tierras, como ha hecho con numerosas familias canarias, a las que ha privado del fruto de cincuenta años de trabajo. Por eso, aunque no sólo por eso, los empresarios españoles se preguntan si merece la pena seguir haciendo las Américas.

rpeyt@yahoo.es

 

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