D. BARBUZANO, La Laguna
Antiguos alumnos de los cursos Quinto, Sexto y Preu del curso 1963-64 del instituto de Canarias Cabrera Pinto, en la actualidad muchos de ellos profesores entre otras profesiones, se convirtieron el viernes en alumnos, recibiendo, en el salón de actos del antiguo centro docente lagunero, una clase impartida por su antiguo profesor, hoy con 91 años, Leoncio Afonso Pérez.
Este curioso y entrañable acto se debe a que los asistentes cumplieron el XV Aniversario de las reuniones que vienen celebrando anualmente, en el sábado siguiente a la fuga de San Diego, en que la mayoría de ellos fueron protagonistas a la hora de no asistir a clase en la referida tradición y otros, como los profesores, al quedarse solos en el aula.
La sesión la abrió el actual director del instituto Cabrera Pinto, David Pérez-Dionis Chinea, que dio la palabra al presidente -denominado "presi" por los compañeros- del grupo de ex alumnos, Pachi Real Hardisson, quien evocó a las personas y el inicio de estos encuentros, describiendo "los lugares estudiantiles y de encuentro de bailes en los que se iniciaron historias de amor, que eran difíciles de que se hicieran realidad, ya que las normas tradicionales marcaban distancias entre los jóvenes".
El acto continuó con la intervención de Carlos Silva -que representa al "meritorio" de los actos-, que habló de la evolución de los encuentros, como "lo que es ahora una situación entrañable y cada vez más humana, difícil de encontrar en la actual sociedad".
Hizo dos propuestas para que se discutan en estos días. La primera de ellas es promover que las especies de tejas, denominadas escamas, que cubren el remate del campanario de la torre de la fachada del instituto Cabrera Pinto, antiguo convento de San Agustín, que hoy son de madera cubierta en plomo, sean sustituidas por la antiguas. Para ello habrá que reconstruirlas, fieles a las dos únicas piezas que se conservan como un preciado tesoro histórico-arquitectónico. Las citadas escamas datan del siglo XVI, provienen de una antigua fábrica de cerámica de Sevilla y son de color dorado.
La segunda propuesta que hizo Carlos Silva está referida a la beca que estrenaron este año los antiguos alumnos, de color de La Laguna (morado) con la silueta del campanario del instituto, y que les fueron impuestas por el actual y antiguos directores del centro, David Pérez-Dionis y José Luis Mederos y Leoncio Afonso.
Carlos Silva quiere que la citada beca sea impuesta a las imágenes de San Diego y Juan de Ayala -fundador de la ermita-, en un acto a celebrar el próximo mes, con motivo del VIII Aniversario de la declaración de La Laguna como Ciudad Patrimonio de la Humanidad. A este acto serán invitadas todas las entidades sociales y culturales de la ciudad de Aguere y personas que compartan la idea de que las dos citadas imágenes sean declaradas como figuras estudiantiles emblemáticas de la ciudad.
La incomunicación
Con respecto a la lección que dio Leoncio Afonso a los antiguos alumnos presentes cabe destacar las siguientes palabras: "La vida social se ha reducido y donde antes destacaban las tertulias para comunicarse, como las del Ateneo, ahora predomina la incomunicación en la sociedad en general".
Leoncio Afonso, remontándose al pasado, dijo que "la memoria es selectiva y ninguno de los recuerdos responde a la realidad, ya que han sido seleccionados por cada uno de nosotros. Por ello, el que los recuerdos sean diferentes en cada persona." Añadió que en sus 91 años de edad ha habido gran cantidad de cambios, entre los que destacó el del lenguaje, y que en la actualidad lo único políticamente correcto son los prejuicios.
El profesor finalizó con los siguientes mensajes: "El civismo es la falta de sectarismo. Los prejuicios son el lastre de la inteligencia, donde la lucidez queda anulada. Frente al optimismo desarrollista de los años 60, ahora impera el pesimismo mirando al futuro, donde es difícil encontrar algo de optimismo. No hay que tener la nostalgia del pasado sino un futuro compartido por todos".
El acto concluyó con una foto de recuerdo en la escalera de piedra al piso superior y un brindis en el patio de los Cipreses.
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