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Leo Bassi se reafirma en su "cruzada" racionalista y antimonoteísta

Disfrazado de Juan Pablo II el día de su entierro, el polémico humorista estrenó en Tenerife el 8 de abril de 2005 su obra más criticada: "Revelación". Tras atentados frustrados y múltiples vetos, ha vuelto a escenificarla en la Isla con cambios, pero el mismo fin: extender el ateísmo.
18/nov/07 24:50
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ÁLVARO MORALES, El Sauzal

Si lee este título, seguro que le repelerá el término "cruzada" y no se sentirá nada identificado. Sin embargo, y obviando el poder simbólico del objeto desde hace dos milenios, probablemente lo aceptaría como oposición a las cruzadas cristianas que llevaron la guerra a la llamada Tierra Santa y que han sido esgrimidas ahora por Bush para justificar lo de Irak. Eso sí, enseguida matizaría que la cruz no ha ejercido durante dos milenios como símbolo de los seguidores de Jesús, que, como él aclara, comenzaron con el pez (el pescador de hombres) como icono, sino que fue adoptada tres siglos después por Roma cuando el cristianismo pasó a ser la religión oficial, dejando clara su apuesta por la visión del hombre como pecador a redimir.

A Leo Bassi lo han intentado matar (una persona apagó la mecha de un artefacto con un kilo de explosivo colocado a unos metros de su camerino), ha levantado profundas polémicas y ha sido vetado en diversos sitios y entidades por una obra ("Revelación, en nombre de la razón") que tuvo la osadía de escenificar en Tenerife disfrazado de Juan Pablo II el 8 de abril de 2005, casi a la misma hora que se enterraba al Papa fallecido seis días antes. Lejos de amedrentarse o suavizar su discurso y empeño por las acusaciones de herejía que le han llovido desde las posturas cristianas, judaicas y árabes más ortodoxas, este humorista italiano, afincado desde hace muchos años en España, ha intensificado su "cruzada" antimonoteísta y en defensa de la razón, tal y como demostró el pasado viernes y sábado en el auditorio de El Sauzal.

Aunque ha cambiado un poco el espectáculo, y ya no simula a Juan Pablo II bailando como lo hizo con jóvenes, Bassi mantiene su hilo argumental y su principal objetivo: lograr que si algún creyente en un solo Dios aguanta su actuación de dos horas, acabe apostatando e ingresando en la "amplia lista de ateos, aunque somos muy cómodos y no nos reunimos en ningún sitio un domingo", según lamenta.

Bassi avisa al principio y trata de comprobar la cantidad de ateos que ha conseguido atraer ese día a su espectáculo, excluyendo a los agnósticos porque, en su apuesta por la claridad, no comprende qué significa realmente esa supuesta opción. "O se cree o no se cree", subraya. A partir de ahí, y después de repartir preservativos entre dos curas que le acompañan a modo de "santa comunión", baila modernamente y se desprende de la ropa papal para convertirse en sí mismo, en aquel niño hijo y nieto de bufones tan ateos que la única lección de su padre sobre religión fue para avisarle de los riesgos de pederastia.

En más de una hora y media, trata de mostrar las "contradicciones, argumentos insólitos y fantasías" en las que se basan libros "sagrados" como la Biblia, el Corán o la Torá hebrea. Lo hace con múltiples guiños cómicos, muchos de los cuales parten de las respuestas que ha recibido de curas, jesuitas y otros estudiosos creyentes sobre las preguntas casi de ingenuidad infantil, pero contundente racionalidad, que le despiertan los inicios de la existencia y el universo según esos relatos.

Entre otras cosas, describe la llegada e invasión de los judíos de Jericó, tras 40 años caminando por el desierto con Moisés, como el "primer genocidio y acto de terrorismo masivo por la llamada tierra prometida del pueblo elegido por Dios, sitio que llegaba ocupado desde 6.000 años antes de nuestra era". Lo mismo hace con la figura de Jesús, al que presenta como un rabino rebelde que apuesta por el amor y la paz y que, a su juicio, ha sido traicionado por la iglesia que se levantó en su nombre y que tanto critica ahora a Bassi.

La clave

El valor de la imperfección

Tras resaltar los aportes de filósofos, políticos y científicos desde la Antigüedad, el Renacimiento, la Modernidad, la Ilustración y Revolución Científica en pro del "laicismo, la razón, la claridad, la verdad relativa y el progreso frente a la superstición religiosa", Bassi concluye metafóricamente que el árbol de la sabiduría que implantó Dios en el Edén servía para mostrar la perfección a la que jamás podrá llegar el hombre, lo que le permite siempre mejorar, algo que cree mucho más preferible. Por eso apuesta por la vuelta a las raíces, a los instintos, a la armonía del hombre y naturaleza como la conciben las tribus. Eso sí, como bufón provocador, cerró su espectáculo enseñando un testículo al entregado público.

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