POR SI NO HA REPARADO en ello el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, señalamos aquí que, de un tiempo a esta parte, están proliferando por las calles del centro obstáculos físicos que impiden el normal paso de las personas por las aceras. El que no saca a la puerta de su tienda un expositor con los más variados productos coloca directamente las cajas con la mercancía, o un muñeco de grandes dimensiones, o un macetero en el que cabe un árbol. Todo lo cual se suma a la suciedad que ocasionan las bolsas de basura fuera, y lejos, de los contenedores y al espectáculo del deambular de mendigos e indigentes, sobre todo por la calle Castillo, cual si estuviéramos en una ciudad de la Edad Media. El conjunto, resulta obvio, ofrece una imagen al visitante y al autóctono de lo más negativa sobre nuestro civismo, nuestros hábitos de limpieza y, también, sobre la seriedad con que se toman las autoridades municipales el cumplimiento de las ordenanzas.
Porque suponemos que a los presuntos infractores se les podrá aplicar alguna ordenanza que les impida apropiarse del espacio público para provecho privado, al menos sin pagar impuestos. Porque ésa es una duda que surge al ver ciertos tinglados callejeros de prensa a pocos metros de un quiosco o un estanco. ¿Pagan las mismas tasas ambos? Nos gustaría saberlo. Pero hay más. Si la libertad de impresión es deseable, no es menos cierto que hay que tomar precauciones cuando el producto tiene un sesgo antitinerfeño, o al menos su responsable es poco amigo de esta tierra. Y como dirige el negocio desde Las Palmas, enseguida pone a esa ciudad como ejemplo para Santa Cruz a la hora de comparar las facilidades que ha encontrado en ambas para montar su chiringuito. Estaría bueno que le abrieran aquí las puertas de par en par y le pusieran la alfombra roja. Eso se queda para el señor Saavedra, el que festeja el 80 aniversario de la división provincial como si fuera una efeméride dichosa.
Y dicen estos gacetilleros que están dispuestos a acudir a la Justicia si Santa Cruz no les da todas las facilidades. Serán capaces de apelar a la libertad de expresión para proteger su negociete y su objetivo de introducirse en Tenerife, ya lo verán.
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