IOSUNE NIETO, Tenerife
La Clínica Capote se fundó en Santa Cruz de Tenerife en 1922 por el médico Ángel Capote, internista, pediatra, médico general, todo lo que se hacía en aquella época en que todavía no estaban estandarizadas las especialidades. Era una empresa familiar. En aquel momento se crea con el nombre de Santa Eulalia, nombre de la esposa de Ángel Capote.
Inicialmente compran un terreno sobre la huerta de Mandillo, adosada al Camino de los Coches, hoy la Rambla, y que tenía la singularidad de que era una especie de jardín botánico donde se aclimataban plantas que venían de América y a su vez se enseñaba a los turistas.
La clínica se aposenta directamente sobre el cauce del barranco, de tal manera que incluso había un pozo, y durante mucho tiempo se conservó el área que los descendientes de la familia llamaban de la huerta.
Actualmente es el centro hospitalario privado más antiguo de Canarias todavía en pie "y posiblemente de las primeras que se hicieron en las Islas", cree el médico anestesista Alfredo Bonnet, "cronista" improvisado para este periódico del pasado esplendoroso de esta clínica y ligado a este establecimiento desde 1968.
La historia del milagro
Los médicos que había en aquella época eran pocos y había una relación directa entre grupos médicos y familias. Los médicos sabían que la clínica era el futuro y concentraba los medios técnicos, explica sobre el porqué de que naciera la Capote. De hecho, es a partir de los años 30 cuando se crean otras clínicas. Es el caso de la Santa Lucía, de Corviniano Rodríguez López; la del doctor Fernández, la clínica Dorta, la del doctor Cristóbal Cárdenes, todas aún de carácter familiar, recuerda Alfredo Bonnet.
Hitos en esta clínica fueron el que se practicara, a poco de su inauguración, en el mismo año 1922, el primer parto que se realizaba en una clínica en la Isla, que fue el nacimiento de Raúl Capote, hijo del fundador, ya que los partos se hacían en aquella época en casa.
Pero el hecho histórico más notable que atesora esta clínica es que, a finales de los años 60 del siglo pasado, no precisa bien el doctor Bonnet, aquí se generó un milagro, que era el segundo que necesitaba el beato San Martín de Porres para convertirse en santo.
"Fue un enfermo, hoy en día conocido abogado, que de niño tuvo una osteomielitis en una rodilla. En esta clínica practicaba un traumatólogo muy prestigioso que era Miguel López, fundador y muchos años director de la clínica San Juan de Dios, cuando se dedicaba este centro a la ortopedia infantil, secuelas de la polio y niños desvalidos. En una época de escasez de antibióticos, el único tratamiento que tenían para ese niño era amputarle la pierna".
"No hay que olvidar que en el entorno de esta clínica en aquel tiempo había un grupo social de familias de Tenerife muy importante, como la madre de Antonio Alarcó, y la noche anterior la pasan velando al niño, consolándole porque saben que al día siguiente con sus siete o ocho años va a perder una pierna, y deciden ponerle debajo de la almohada una estampa del beato Martín de Porres como encomendándole el niño. Al día siguiente, cuando preparan el quirófano y le quitan el apósito descubren que el niño se ha curado. Algo que nadie se explicaba", prosigue la narración de Bonnet..
Esta clínica, como era habitual en la época, estaba regida por monjas, que comunicaron lo sucedido. "Era una clínica enormemente cristiana. Yo cuando llegué encontré crucifijos por todos lados y tenía su propia capilla", comenta Bonnet.
Entonces se informó al Obispado lo ocurrido y se vio que era el milagro que le faltaba al beato para convertirse en santo.
En recuerdo de aquello existe en esta clínica un cuadro, que en su día bendijo el Papa, que recuerda a este santo, y al que en estos días no le faltan velas encendidas, a tenor de la grave crisis que atraviesa el establecimiento sanitario. En este caso son los trabajadores los que se han encomendado al santo.
Cuando el fundador muere siguen en la clínica sus hijos, "que toman el relevo con un prestigio muy por encima de la media en aquella época, porque era gente que se formó en Estados Unidos, en Cuba y en Inglaterra", señala el cronista. Y cita: Raúl, cirujano torácico; Ángel, que era internista; Carlos, abogado que llevaba la administración de la clínica. Tenía además dos hijas, Lourdes, la más pequeña, y Pilar Capote, la mayor de todos los hermanos, que se casó con un médico que terminó siendo alcalde de Santa Cruz, Javier de Loño. Las dos mujeres viven, una en la Península y otra en la capital, mientras que el resto de hermanos han ido falleciendo en la última década.
"Toda la familia vivía en la clínica, hacían de médicos, de administradores, de lo que hiciese falta. Cuando muere el fundador hacen una reforma, añaden dos plantas y siguen haciendo su medi cina privada. Entonces trabajaban los mejores especialistas de la época, el doctor García Estrada, Raúl Capote, Miguel López...", elogia Bonnet.
La convierten en clínica quirúrgica y al final de los años 60, "comienza a aparecer en lontananza el tema de los enfermos crónicos".
Es en 1968 cuando entra a trabajar en la clínica Alfredo Bonnet, sustituyendo a Javier de Loño porque lo habían nombrado alcalde, y que era anestesista pediatra.
Enormemente agradecido por haber sido acogido por aquella casa y familia, subraya que "dio origen a amistades por encima de lo profesional y por encima de la diferencia de edad". Especialmente con Raúl Capote, quien asegura que en una ocasión y cuando se celebraba el 75 aniversario del establecimiento le dijo que no dejara morir el nombre ni la clinica, versión que contradice la familia.
La era moderna
Años antes, en 1983 la familia Capote vende la clínica a un grupo de médicos, entre los cuales se encuentra el propio Alfredo Bonnet. Hoy en día le acompañan como accionistas sus hijos y quedan -porque algunos de aquellos primeros compradores fueron vendiendo con el tiempo-, Pedro Rodríguez, Cecilio Illé y Lorenzo Galván.
Del relato de Bonnet se desprende que actúa como ese empleado que escucha las conversaciones de un empresario que juega en bolsa y con la información que recibe también invierte. Emprende así su segunda faceta, la de empresario.
"En aquel momento se dijo que el enfermo crónico era el gran negocio. Era una conversación en la trastienda. Teóricamente lo era hasta que aparece en la revista Interviú -años 80- unos reportajes en los que se denuncia la situación en que están estos enfermos en clínicas de toda España. Eso obligó a un cambio que hizo que las clínicas privadas dedicadas a crónicos dejaran de ser rentables, porque no había fisioterapeuta, no había enfermeras, sino monjas, y aquí los médicos de guardia era la familia Capote".
Entonces se obligó a que las clínicas tuvieran médico de guardia las 24 horas del día, a tener un porcentaje de enfermeras, auxiliares tituladas, servicios de rayos X y otros servicios que multiplicaron los costes. Antes, la familia iba a la clínica a dar de comer a los enfermos, los aseaban, se compraban las medicinas con sus recetas... "todo eso se acabó".
Entonces la clínica fue volviendo poco a poco a la actividad que había abandonado, que era la cirugía. Se inicia de manera privada y luego aparece la concertación con la seguridad social.
La clínica durante todo ese tiempo va mejorando su nivel y tecnología. De hecho es la primera clínica en incorporar en Tenerife la resonancia magnética, un escáner privado, la primera unidad de neurofisiología privada, la primera de neumofisiología privada y la primera con una gamma cámara con triple cabezal, que sirve para diagnosticar cánceres, Alzheimer y otras enfermedades.
Pero todo esto fue en el siglo XX. En el actual, el futuro de esta clínica está por decidir.
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