ESTO DE LA TELEVISIÓN es muy, muy instructivo. Si dejamos aparte el fútbol omnipresente, que antes nos lo daban, cuando había suerte, algún que otro domingo y que hoy es como poco tres veces a la semana, mañana tarde y noche, que el espíritu no descansa aunque la carne es flaca, que dice el latino, y que como esto siga así nos vamos a parecer a aquellos años 20 en que los equipos iban de una a otra isla (obviamente solo las capitalinas de ahora) según nos informa ampliamente la Historia del Fútbol de esta provincia tinerfeña de Juan Arencibia, época aquella en que se jugaban en cuatro días dos y hasta tres partidos y era muy frecuente jugar, por ejemplo, el Marino con el Tenerife hoy y también mañana; si quitamos también los telediarios que por mucho que se empeñen ya no interesan a nadie a fuerza de decir medias verdades y mostrarnos una y otra vez a los jerifaltes sonriendo al pueblo soberano al que se le cae la baba ante tamaña magnanimidad; si dejamos de lado esos concursos kilométricos en cualquier cadena de las peninsulares que las de mi tierra no las cultivo, programas en los que se nos enseña cómo hacen el amor los matrimonios, así, casi al natural, o las veces que se han engañado Pepe y Manolita, para al fin, al cabo de 30 años, reconciliarse, y entre cuyos desatinos el más famosísimo incluso "extramuros" es uno que responde al nombre de "Gran Hermano", ellos sabrán porqué, pero de lo que es seguro es que los televidentes son "Pequeños primos"; si quitamos aún alguna otra cosilla de esas que nos molesta porque somos nosotros muy especiales, después de todas estas eliminaciones voluntarias en la intención y forzosas en su aplicación, ¿qué nos queda?
No mucho, la verdad, pero aún hay suerte. Para los aficionados al cine, quiero decir al cine de antes, pero no tan de antes que lleguemos al cine mudo en el que hay que hacer un esfuerzo múltiple para no perder un detalle y quedarse a la luz de Valencia, para esos televidentes entre los que me encuentro, hay una serie de canales las 24 horas del día con las películas mas famosas y conocidas de todos los tiempos, antiguos, no tanto y actuales. También hay programas culturales, de viajes y de historia que no me ruboriza confesar que apenas los veo y cuando lo hago me arrepiento de no haberlo hecho antes, pero eso no sirve ni de consuelo. Claro que también tenemos las corridas de toros, para el que les guste (yo, así, así, con disculpas a mi amigo Pepe Méndez) pero son de temporada tan sólo. ¿Entonces, usted?
Nos queda, como he comentado en alguna ocasión, los concursos que podemos llamar "culturales", como el tan aireado últimamente "Pasa palabra", o el "Saber y ganar" o finalmente, y a él quería llegar, el de "Cifras y Letras" donde con 9 letras elegidas arbitrariamente por una endiablada maquinucha, hay que formar la palabra que mas letras tenga hasta las 9, con la única limitación de que esté admitida por el Diccionario de la Real Academia de La Lengua, el DRAE, que últimamente por esta u otras causas está teniendo una venta creciente, aunque me imagino que ese no es el caso en nuestra Canarias, donde los alumnos de enseñanza primaria y secundaria, que cualquiera sabe cómo se llaman ahora, ocupan el furgón de cola de la enseñanza en España. Pues bien; el otro día salió en una de las 12 pruebas de que consta el concurso el siguiente conjunto de nueve letras: Z - R - I - Y - E - M - C - M - A, y nada más ver que había una Y y una M me brotó ella solita la palabra MENCEY, de seis letras, con lo que me sentí la mar de contento, mientras que los concursantes dijeron ENCIMA y el jurado ENZIMA, todas ellas de seis letras, un teórico triple empate.
Pero mi alegría duró menos que un rosquete a la salida de un colegio, porque al comprobar en el DRAE mi "mencey" como hago siempre con una palabra para mí nueva o que me suena algo raro, y otras veces para enterarme de su definición, vi con asombro que entre las dos consecutivas de "menazar" y "menchevique" no venía "mencey", posiblemente definida como "rey de los aborígenes guanches de Tenerife", mientras compruebo que no existe tampoco en castellano (igual sí en catalán o en vascuense) ninguna palabra que empiece por "mence?". Pero es que además pretendía comprobar si el término "mencey" es aplicable también a las otras islas, ya que de siempre he oído decir, lo que no supone autenticidad alguna, que el término "guanche" era sólo propio de Tenerife y no de Gran Canaria, y sin embargo el DRAE dice que lo de guanche se aplica a los habitantes de las Islas Canarias en el tiempo de la conquista. También he leído en algún sitio que a los menceyes de Gran Canaria los llamaban "bencomos", palabra que tampoco recoge el DRAE, con lo que la sangre del pleito insular de don Marcos Guimerá no va a llegar ciertamente al río por este motivo, ni menceyes ni bencomos, entre otras cosas, porque salvo en el nombre de un barranco tampoco tenemos aquí río alguno que llevarnos al mar, gracias a Dios, que si no seguro que la ministra Narbona se dedicaría a derribar las casitas edificadas a los largo de los siglos en sus riberas. Menos mal, el que no se consuela...
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