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DOMINGO, 11 DE NOVIEMBRE DE 2007
TIERRA BAJA ÁNGEL ISIDRO GUIMERÁ

El graduado de Nebraska

NEBRASKA es un Estado de las grandes llanuras de Estados Unidos de América. Se encuentra a mitad de camino entre Washington y San Francisco. Nunca hubiera ido allí, pero el destino me deparó, allá por 1984, la oportunidad de visitar Lincolm, capital del Estado de Nebraska, invitado por el Gobierno americano y acompañado por mi buen amigo Alberto Ruiz Gallardón. Un viaje estupendo e instructivo.

Cenamos con una familia media de Nebraska, que nos habló de sus ganancias y sus impuestos. Elaboraban su propia cerveza. La hija de los dueños vivía con su novio en la misma casa. Nebraska proviene de una voz de los indios americanos "oto" que significa "agua plana". Hace tiempo fue considerada como parte del gran desierto americano pero en estos momentos es un Estado líder en agricultura. Me pareció una ciudad familiar y feliz.

Tiene leyes muy peculiares, diferentes diametralmente a otros estados. Su sistema político es unicameral y los senadores del Estado se eligen sin que figure al lado de su nombre la opción política a que pertenecen. Es una elección muy personalizada. Es curioso también que, los fines de semana, se prohíba el consumo de alcohol, precisamente cuando no se trabaja. Lincolm es conocida como la ciudad de la estrella, por el uso de una estrella para marcar la capital del Estado en los mapas.

"El Graduado" es un título mítico del cine de los años sesenta, ayudado por la famosa canción del dúo Simon & Garfunkel. La cinta es la historia de un joven estudiante que acaba de recibir su graduación y comienza a salir con una compañera. Lo que el joven no espera es que la madre de su novia, una mujer madura y sexy, intente seducirle. Fue todo un éxito cinematográfico, consiguiendo un Óscar su director Mike Nichols y casi también lo obtiene Dustin Hoffman.

Vienen a cuento los dos párrafos anteriores por una noticia que leía hace unas horas en el diario El Mundo". La maestra que se fugó con un niño", rezaba la información. Kelsey Paterson es una profesora rolliza de Nebraska, de 25 años. Fernando Rodríguez es un estudiante mexicano de 13, y sin tiempo aún para graduarse, claro está. Juntos han protagonizada una escapada (otra buena película de los sesenta) amorosa de más de 2.500 kilómetros; desde las nieves de Nebraska a la aridez de Mexicali, donde un policía estatal la detuvo. Al parecer, ella lloró desesperadamente, pero el chaval no derramó una lágrima.

La taciturna Kelsey acabó con sus carnes en la cárcel de El Centro (California) y ha sido acusada de secuestro y "transporte ilegal de un menor para actividades sexuales al otro lado de la frontera". Pueden caerle como mínimo diez años de cárcel. Por supuesto que no es ésta la primera historia de amor imposible entre una profesora y un alumno que acaba en los tribunales, tampoco será la última. En los emails que intercambiaron durante meses la profesora Kelsey le decía a su amor de trece años cosas como ésta "te seré fiel al cien por cien. Mi vida está acabada".

Lo curioso de esta historia es que nunca antes una pasión prohibida había logrado traspasar el muro fronterizo levantado por Estados Unidos en sentido contrario, es decir, hacia México. ¿Cómo fue capaz, se preguntan los norteamericanos, una respetable profesora estadounidense de matemáticas de fugarse con un estudiante mexicano de trece años dejando todo atrás, incluso a su propia hija de ocho años? En Nebraska el escándalo de Kelsey Peterson está resquebrajando la fe en el sueño americano.

Los americanos siguen sin darse cuenta de que el amor traspasa las fronteras y muros más sólidos. Que nada importa el lugar donde germine o se establezca. Y que ese amor es el sueño más grande y hermoso para quien lo siente. Más, muchísimo más, que el estereotipado sueño americano.

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