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DOMINGO, 11 DE NOVIEMBRE DE 2007
LA SEMANA RAMÓN PI

Del "extravagante periplo" a la "diplomacia callada"

EL LECTOR (y espero que también el diseñador de esta página) habrá de perdonarme el título kilométrico que encabeza estas líneas, pero, en mi limitación, no he encontrado mejor modo de presentar de forma plástica el momento que atraviesa estos días nuestra vida pública: una enorme y anestésica ensalada de palabras, eufemismos, adjetivos impropiamente colocados con el solo ánimo de ocultar realidades o de confundir al público.

Todo eso es consecuencia de la proximidad de unas elecciones de resultado incierto, sobre todo para un Gobierno socialista que no ha logrado en estos cuatro años, a pesar de sus esfuerzos ímprobos, expulsar al Partido Popular de toda posibilidad de constituirse en alternativa de poder, y ahora se encuentra con que no le salen las cuentas, y necesita imperiosamente generar una crispación social lo más parecida a la que lo llevó a La Moncloa, en el intento de rescatar aquellos votos enfurecidos que quisieron castigar a José María Aznar en 2004, convencidos de que los atentados de tres días antes eran consecuencia directa de la "foto de las Azores".

Sólo en esta clave es posible explicar la obsesión enfermiza del PSOE y su Gobierno por seguir atribuyendo a José María Aznar la responsabilidad hasta de las grietas del túnel del AVE a su paso por Málaga, pese a que Aznar lleva años fuera de la política activa, e incluso en 2004 ni figuró en ninguna candidatura, ni siquiera presidía el Partido Popular. Si entonces funcionó, ¿por qué no puede funcionar ahora?

La actitud de Rodríguez Zapatero y sus asesores me recuerda, en este aspecto, al viejo chiste del castillo de fuegos artificiales que, en el momento culminante de las fiestas del pueblo, no funcionó, y el encargado de los festejos se disculpaba diciendo que no lo comprendía, porque él, personalmente, se había ocupado la víspera de comprobar que funcionaba. La transferencia de la responsabilidad de la matanza hacia José María Aznar funcionó en aquellos tres días de infamia de 2004, y ahora Rodríguez y los suyos confían en que aquella misma factura falsa pueda, por añadidura, pasarse al cobro por segunda vez.

Campaña gratis

Por los resultados obtenidos por el Partido Popular en las distintas consultas desde 2004 puede deducirse que conserva un electorado muy fijo, resistente a las adversidades, y que incluso puede calificarse de cautivo, al menos mientras no surja en el panorama político otra iniciativa creíble como alternativa de gobierno que defienda con más coherencia los postulados que el PP dice defender. Esta situación parece aconsejar que el PP prefiera una preparación de las elecciones de marzo de perfil bajo, puesto que los propios acontecimientos ya se ocupan de trabajar en su favor, al poner de manifiesto una vez tras otra lo poco aconsejable que resulta volver a depositar la confianza en Rodríguez y sus aliados. Los últimos acontecimientos de las infraestructuras de Cataluña, por ejemplo, son la mejor campaña posible para el Partido Popular, que ya se la hacen los nacionalistas, y, además, gratis.

Esta semana ha habido dos hechos nuevos: uno ha sido la jugarreta que el presidente francés Nicolas Sarkozy le ha hecho al Gobierno de Rodríguez Zapatero, orquestando espectacularmente el regreso a Madrid de las cuatro azafatas españolas detenidas en el Chad como consecuencia de un turbio asunto de posible tráfico de niños. Quedaban, sin embargo, los otros tres tripulantes españoles del avión en el que esos niños iban a salir de aquel país. Por las informaciones que nos han llegado, el juez chadiano los dejó en libertad al haber sido exonerados de toda responsabilidad por el principal encausado. El regreso de esos tres compatriotas fue decorado por el Gobierno como si hubiera sido un éxito propio (la "diplomacia callada"), y se ha llegado a filtrar una noticia más o menos vaga acerca de unas futuras financiaciones españolas en beneficio del Chad. Extraña diplomacia, capaz de torcer la voluntad de unos jueces con promesas de dinero.

El otro hecho relevante a efectos de precampaña ha sido la XVII Cumbre Iberoamericana, celebrada en Santiago de Chile. El déspota venezolano Hugo Chávez se permitió insultar abiertamente a José María Aznar, y ha tenido que ser el Rey el que le haya afeado su proceder. Fuentes oficiales dicen, con la boca pequeña, que el Gobierno también ha protestado por esta abierta incorrección intolerable, pero por desgracia van a ser muy pocos los que se crean bien defendidos por Rodríguez, Moratinos y demás, al menos en lo concerniente a Aznar, auténtica bestia negra para los socialistas.

El TC

Siguen, por lo demás, las incidencias en el seno del Tribunal Constitucional, sometido a toda clase de presiones en relación con las importantes leyes que tiene sobre la mesa pendientes de sentencia, entre las que destacan el Estatuto de Cataluña, el mal llamado matrimonio homosexual y la no menos mal llamada Ley de Igualdad. La proximidad de las elecciones ha despojado a los políticos, especialmente los defensores de estas leyes, de todo recato a la hora de ejercer presión sobre los magistrados. Concretamente, el presidente de la Generalidad de Cataluña, el cordobés José Montilla, pronunció un discurso en Madrid en el que amenazó muy poco veladamente con un alejamiento de Cataluña respecto al resto de España si el Tribunal Constitucional no convalidaba en todos sus términos el Estatuto recurrido.

También desde los medios -algunos medios- de comunicación se presiona al Tribunal. El diario "El País" aventura posibles decisiones de los magistrados para salir del atasco en que lo han colocado las sucesivas recusaciones puestas por socialistas y populares, y expresa su opinión, favorable a los intereses del Gobierno, sin ningún rubor. Crispación general, ésta es la palabra.

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