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DOMINGO, 11 DE NOVIEMBRE DE 2007
DESDE BÉLGICA, UNA TINERFEÑA DE A PIE VICTORIA DORTA S.

El valor del dinero

DICE EL DICHO que el dinero no hace la felicidad y es verdad, pero de lo que no hay duda es de que el tenerlo ayuda, y bastante. Sin él, no podríamos -por ejemplo- comprar las cosas que necesitamos para la vida diaria. No ocurría así en la Antigüedad; los primeros pobladores de la Tierra no conocían el dinero. En aquella época, nuestros antepasados eran nómadas que vivían de la caza, la pesca y la recolección de frutos. Con el tiempo aprendieron a cultivar toda clase de plantas comestibles y a criar animales; ello permitió que pudieran quedarse en un lugar fijo, sin necesidad de desplazarse de un sitio a otro para subsistir. A partir de ahí, empezaron a intercambiar cosas unos grupos con otros: animales, grano, pesca, frutos, té, etc. Había nacido el trueque y con él se dio el primer paso para lo que, con el transcurrir de la Historia, se llamaría en latín "denarius", el dinero. A comienzos de nuestra era, el ganado, concretamente el buey, era la medida de cuenta -tantos bueyes, por tanto de esto o de aquello-. En China se pagaba con sal, allá por el siglo XIII d.c.; de ahí la palabra salario con la que se denomina a nuestro sueldo del mes. Estas formas de pago se fueron desfasando con los siglos, debido a lo dificil y molesto que resultaba -por ejemplo- llevar un animal de ese tamaño de un lado al otro o un saco de sal, para cambiarlos por otra cosa.

Con el tiempo la fórmula ideada fue la del pago con metales. El oro, el hierro, el cobre, el bronce, la plata, el zinc, etc., se empezaron a hacer universales, pues su traslado de un sitio al otro era mucho más liviano. Finalmente, se le empezó a dar un valor fijo a estos objetos; con ello, arrancaba la larga trayectoria del dinero. Ya en Roma o en China, unos siglos antes de la llegada de nuestra era cristiana, utilizaban determinadas cantidades de cobre -los primeros- y pequeñas figuras de bronce -los segundos-, como moneda de cambio. Pero fue en la ciudad de Lydia -en la antigua Turquía del 560 a.c.-, cuando las primeras monedas redondas y acuñadas empezaron a circular. Estaban hechas en oro o plata y su valor, variaba según el metal utilizado y su grosor mucho después, crearon otra moneda de menor valor, en cobre. Los griegos fueron -con su antiguo Dragma-, los más que influyeron en el nacimiento de las monedas actuales, crearon varias y con diferentes valores. Comercializaron con ellas -unos siglos antes de Cristo-, a lo largo y ancho del Mar Mediterráneo. Con la llegada del siglo XX, se hizo común fabricar las monedas en metales no preciosos: níquel, zinc, aluminio, etc. Los primeros billetes de la Historia -hace de esto unos 800 años- se atribuyen a los chinos. Nuestra querida peseta, sí, ésa que tanto echamos de menos a la hora de pagar la compra o cuando nos dan la cuenta del cortado, vio la luz pública en 1886. Fue destronada en 2002 por el poderoso euro, el que reina en nuestros días, ¡y de qué manera! Lo que es la vida, ¿verdad?

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