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DOMINGO, 11 DE NOVIEMBRE DE 2007
JESÚS LÓPEZ MEDEL *

El problema de las oposiciones en España

CON esa misma rúbrica -"El problema de las oposiciones en España"- publiqué uno de mis primeros libros (1958), prologado por el entonces ministro de Hacienda, y paisano, Mariano Navarro Rubio. Ambos procedíamos de familias medias. Por lo que se refiere a nosotros, hice el Bachillerato en los PP. Escolapios de Daroca y de Zaragoza; luego, fui becario de la Diputación Provincial de Zaragoza, en el Colegio Mayor Cerbuna, en tiempos de cartilla de racionamiento, pero también de alto espíritu, con actividades culturales, deportivas, musicales o religiosas. Todo ello, junto a la Milicia Universitaria -V promoción de Santa Fe del Montseny-, suponía una promoción en mi vida personal y familiar. En aquella citada obra reflejaba con detalle los aspectos humanos, los estímulos de una buena preparación universitaria y los valores del esfuerzo, el sacrificio, la ilusión, e incluso, cierto tono moral y aun religioso para superar el camino de selección y profesión, y sus riesgos. El P. Llanos, en uno de sus ejercicios espirituales, hablaba de las tres cosas que un estudiante había de tener en su mesa de estudio o de trabajo: una bandera de España, el retrato de la novia -en su caso- y una estampa de la Virgen.

Se abordaban en aquel trabajo los diferentes métodos de selección profesional; por eso, Navarro Rubio, en su prólogo, entendía que el título del libro había quedado corto, ya que en realidad se analizaban el método "oposición" -calificada por no pocos como "segunda bárbara fiesta nacional" (Gabriel Elorriaga, por ejemplo)-, y otros supuestos comparados de acceso, con una posición crítica en aspectos concretos, tendentes a una humanización del sistema -acompañar curriculum vitae, y explicado personalmente-, menor utilización memorística, e incluso una formación complementaria posterior, como sucedía para Registros, con el cuerpo de aspirantes, o la Escuela Judicial, ayuda de los colegios profesionales, mayor flexibilidad en los programas, etc.

Tengo la satisfacción de poder decir que algunas de las sugerencias fueron aceptadas en diversos casos. Pero lo importante era reflejar que el sistema de la "oposición", en el contexto de la sociedad y de la universidad que teníamos, había de partir de ser el menos malo. (En Estados Unidos, no hay el tipo de notarios ni existen registradores de la propiedad. Acaso ahora, con la burbuja hipotecaria, lo echen de menos).

Dicho esto, ha reverdecido ahora -de manera expresa para judicatura y fiscales- el brote revisionista, insinuado como solución al "invento", propio del Ejecutivo que tenemos, de crear un problema donde no existe. O lo que es peor, ofrecer a los universitarios actuales un señuelo de poder ser elegido algún día, pasando sin oposición, a engrosar aquellos puestos citados. Aunque en la letra pequeña la oferta electoralista llevaba el engaño de que luego habría de irse a la Escuela Judicial cuatro años, con lo que estaríamos en lo que ahora se está. No voy a insistir demasiado en el tema, pues en dos trabajos recientes: "Selección, formación y especialización en la Administración de Justicia" (Anales de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, 2003, y "Estado de la Justicia en España", (Real Academia de Doctores, volumen sobre "El estado de España", 2005), hemos estudiado la cuestión de forma amplia.

Sólo me resta apuntar la inoportunidad de ese planteamiento, como formando parte de un preprograma electoral, y el riesgo de discriminación pseudopolítica, la grieta a selecciones por criterios no de capacidad, mérito o esfuerzo, y que en el caso de la judicatura no contribuiría, sino al contrario, a la objetividad, la legalidad y el estímulo para esa digna oposición. Ya ha habido cuarto y quinto turnos, que para la Sala de lo Contencioso-Administrativo siempre han existido. No faltan aspirantes. Acaso un temor de politización. Todo lo demás son ganas de remover o de desmontar estructuras que han servido y sirven a la Justicia y al Derecho con independencia esencial y con preparación. Sería, además, un engaño a la propia juventud universitaria, la cual sí que tiene, desde luego, como la propia Universidad española, otros graves problemas.

* Jurista. Académico

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