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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

El precio de una foto

11/nov/07 01:34
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EN ÁFRICA todo tiene un precio; hasta la justicia. No hay ningún trámite de cualquier tipo en el continente negro que no se pueda resolver con dinero sobre la mesa. Lo comprendí aún muy joven por un asunto que no viene a cuento, y lo comprendió igualmente en su día un capitán de la Marina Mercante española, condenado a muerte en Nigeria por contrabando de petróleo. No había hecho nada que no hubiese estado haciendo desde mucho tiempo antes -él y cualquier oficial de cualquier naviera, fuese cual fuese su pabellón-, sin que las autoridades locales interviniesen. Hasta que un día consideraron oportuno ponerse legalmente exquisitas, y empapelaron al primero que trancaron con las manos en la lata del gofio. Eso es África, por si alguien todavía no lo sabe. África, que no los africanos; una población castigada por la naturaleza, la historia y, sobre todo, por sus gobernantes desde siempre, habida cuenta que eran los jefes de las tribus quienes organizaban las principales razias para capturar a personas de clanes rivales, o simplemente ajenos, y luego venderlas a los capitanes de barcos negreros.

A mí me parece bien que España -es decir, nosotros, los españoles, con nuestros impuestos- pague -paguemos- la educación de 103 niños chadianos. Me parecería mejor que en vez de cien educásemos a mil o inclusive a diez mil niños en el Chad; un país, como tantos otros, condenado a la miseria perpetua. Coincido con la idea de que enseñar a pescar resulta más eficaz que regalar un pez. Ahora bien, ¿por qué nosotros y no Francia? ¿Acaso es española la ONG fraudulenta que intentó secuestrar a los niños?

Empiezo a entender cuáles son las negociaciones citadas por Moratinos. Un ministro que ha dejado el listón de la incompetencia española en relaciones internacionales a una altura difícilmente superable. Aunque en realidad el asunto se veía claro desde el principio. Pretender culpar a la tripulación de un avión por un presunto delito organizado por otros, resulta tan disparatado como encarcelar a un taxista por trasladar al delincuente que asestó una puñalada, sin más relación contractual con el bandido que haberle cobrado la carrera. Una situación disparatada aquí pero no ahí enfrente, donde todo vale con tal de sacarle el dinero al blanco. Lo cual resulta comprensible, considerando que África ha sido expoliada hasta lo incalculable.

La objeción es otra, ya que sólo un pequeño porcentaje de la ayuda enviada llega a la población. La mayoría se gasta en guerras, en lujos y en otras indecencias menos confesables de una oligarquía dirigente esencialmente corrupta. Una denuncia que no se hace, y que quizá tampoco yo debería hacer, por el riesgo que supone de menguar dichas ayudas. Nada más lejos de mi intención. Al contrario: todo cuanto se está haciendo, y se pueda hacer en el futuro, siempre será poco. Lo único que intento es subrayar quiénes son los responsables de muchísimas miserias. Ni esta orilla es la cuna de la maldad y el abuso, ni es la otra la patria de la bondad y la perfección. Además, si los políticos africanos -e incluso los ciudadanos africanos normales y corrientes- quisieran tanto a sus menores, no los subirían a una patera. Pero lo hacen. En Canarias hay más de 800 chicos que lo demuestran con su presencia, y casi a diario llegan algunos más.

En fin, aunque la foto de Fernández de la Vogue -jamás posa dos veces con el mismo atuendo- en Torrejón no ha sido gratis, bienvenida sea si gracias a ella dos pilotos y un azafato han podido volver, y un centenar de niños van a tener una oportunidad en su vida, por mínima que sea.

rpeyt@yahoo.es

 

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