HACE APENAS unos años pocos pensaban que iba a ser preocupante la carencia de médicos. La plétora profesional hacía que se considerara a estos titulados como recursos humanos a optimizar, en vez de profesionales liberales de alta capacitación a los que se debería aplicar una cuidadosa política de recursos humanos, dada la enorme responsabilidad de su trabajo.
La realidad actual es otra. En el Colegio de Médicos de Tenerife se detectó, hace ya tiempo, este cambio basado en dos hechos muy sencillos. Por un lado, en el servicio de bolsa de trabajo proliferaban las demandas y disminuía la oferta; por otro, la colegiación de médicos extranjeros aumentaba notablemente.
Conjuntamente con estos hechos, el perfil del colegiado tradicional también cambiaba. Aumentaba la presencia de la mujer en la profesión y la edad media de los médicos. Había especialidades que eran poco demandadas y, al mismo tiempo, disminuía la disponibilidad para trasladarse a las islas periféricas, donde el médico se encuentra más aislado profesionalmente.
Pero, ¿de verdad faltan médicos en nuestras islas?, ¿cómo es posible que falten si el número de profesionales en ejercicio por mil habitantes es mayor que en la UE? La única contestación posible es que tal afirmación es una verdad a medias.
La realidad es que pueden faltar médicos para hacer según qué trabajo y especialidad, según a qué horarios, según en qué lugares y según a qué precio. Todos estos condicionantes tienen solución. Otra cosa es que queramos aplicarlas.
Los Colegios de Médicos somos garantes de la calidad del ejercicio de la medicina y no podemos olvidar la responsabilidad que tenemos de actuar sobre el acceso al ejercicio profesional en un momento con retos tan importantes. Por ello, creemos necesario hacer un diagnóstico claro de la situación actual para, posteriormente, aplicar las medidas adecuadas. Si algo nos ha enseñado la historia reciente de la demografía médica es que una planificación sobre la base de medidas drásticas puede resultar tan nociva como la inacción.
En el momento actual parece muy claro que debemos llevar a cabo las siguientes iniciativas: flexibilizar nuestro sistema formativo introduciendo mayor troncalidad en los períodos de formación; readaptar las competencias profesionales; cambiar la organización de nuestro sistema sanitario en horarios, cartera de servicios y manera de facilitar los mismos; modificar el sistema de contratación y retribución para que sea atractivo para los profesionales, y poner en marcha un sistema transparente de datos, con la colaboración de todas las organizaciones implicadas y hacer compatibles todos los sistemas de registros, tanto profesionales como laborales o administrativos.
Concluyendo, ha llegado el momento de actuar y todos debemos apoyar las iniciativas consensuadas que sea necesario poner en marcha. El problema nos afecta a todos y nadie debe tomar iniciativas unilaterales porque no existe una solución mágica que lo arregle. El problema es de todos: sociedad, Administración, universidades y colegios profesionales, y todos debemos poner en marcha canales de comunicación y colaboración para resolverlo.
* Presidente del Colegio de Médicos de Tenerife
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