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COMENTARIO DE EL DÍA

La suciedad del HUC, todo un síntoma

5/nov/07 07:33
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LAS IMÁGENES DE SUCIEDAD que publicaba este periódico el pasado sábado, correspondientes a una de las calles que rodean el Hospital Universitario de Canarias (HUC), son preocupantes; no tanto por el peligro que pueda suponer en sí el hecho, sino por lo que representa. Dejando al margen la irónica coincidencia de que el mismo día en que fueron captadas las imágenes el presidente del Gobierno canario y su consejera de Sanidad habían visitado el centro hospitalario y posiblemente habían pasado a pocos metros de esas basuras, el problema es que la situación que mostraban las fotos es producto de una actitud bastante extendida en estas Islas, y que contrasta vivamente con lo que se observa en los países de nuestra órbita cultural, es decir, Europa.

Como decimos, al margen de la reprimenda que haya que echar a quien sea responsable de que se acumulen hasta colchones junto a un hospital situado en un área urbana, lo peor es que exista gente capaz de hacer tal cosa y, por añadidura, que las autoridades no sean capaces de acabar con estas prácticas, por las buenas de la mentalización o por las malas de una buena multa.

Y ya puestos a analizar la incidencia de este problema de la suciedad que reina por doquier y de la afición de muchos tinerfeños a depositar los residuos donde más cómodo les resulta, habrá que preguntarse si no son también este tipo de cosas las que están influyendo en esa lenta, pero continua, recesión de la cifra de turistas que nos visitan. Porque este tipo de basureros improvisados son frecuentes en la Isla y muchos están a la vista de todo el mundo.

Es una pena que aún no hayan arraigado en Tenerife los hábitos cívicos de una sociedad moderna. Un recorrido por las ciudades del norte de Italia, Francia, Alemania o el Reino Unido, por hablar de nuestros más asiduos visitantes -incluso por la cercana Madeira-, es una delicia para el paseante, que, aparte de contemplar los lugares de interés, comprueba que las calles y plazas por donde pasa están limpias, sin papeles, botes o colillas; sin apenas pintadas en las paredes y el mobiliario urbano.

Menos mal que un cantero va a restaurar en pocos días la Cruz de Piedra de La Laguna, destrozada por unos vándalos -aunque esta vez parece que extranjeros-, en una muestra más de esa otra plaga que padecen hoy las ciudades de las Islas, el gamberrismo desaforado.

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