NO SÉ si ha sido fruto de la casualidad o de forma intencionada. El caso es que el juicio más controvertido de los últimos tiempos en este país, por los desgraciados sucesos del 11M, ha llegado a su fin y el juez ha dictado sentencia, coincidiendo con la fecha anual dedicada a nuestros difuntos. Y al margen del grado de satisfacción o de divergencia individual que haya podido producir esta decisión jurídica, la tradición hace que miremos hacia los recintos en donde reposan para siempre los restos mortales de nuestros seres más queridos, algunos ya volatilizados por decisión personal del fallecido o de sus familiares más allegados. Costumbres que van evolucionando sin desmerecer para nada la memoria de los que fueron, y que ahora anota en su haber (más por interés comercial y lúdico) la tradición anglosajona del Halloween, que no es sino una contracción de la frase inglesa "all hallow´s eve", que significa literalmente Víspera de Todos los Santos.
Por fortuna, el truco o trato con el que los druidas celtas presionaban a los campesinos para que les aportaran lo mejor de sus cosechas o pertenencias, pues de lo contrario tendrían que ofrecerles un hijo para ser sacrificado en medio de horribles torturas, ha derivado en la inocua travesura infantil de disfrazarse y tocar en las puertas de los vecinos para pedir golosinas, a cambio de no lanzarles una supuesta maldición. La misma calabaza con la vela dentro para ahuyentar los espíritus malignos sólo es un elemento decorativo más en los portales de las casas en los interiores de las viviendas. Y todo ello, en definitiva y como ya he dicho, no es sino una fórmula comercial más que se aprovecha del consumismo y el deseo de evasión lúdica de los participantes en estas presuntas orgías (sólo que disfrazados) para montarse una juerga más a cargo de una tradición foránea, y de la que sólo se libran los niños por su condición de tales.
Truco o trato, no lo sabemos aún, cambiando radicalmente de tema y aprovechando la frase que resume la raíz de la tradición anteriormente expuesta, es el haz de promesas que van desgranando los políticos de turno para llevarse al huerto a los votantes en los próximos comicios generales, a los que ya han dado oficialmente el pistoletazo de salida en una carrera desbocada por ver quién ofrece más en la puja de las poltronas. Promesas que, en teoría, no dejan nada al albur puesto que abarcan desde las mejoras sociales a los jubilados, el semillero de votos más maleable por su debilidad económica en su gran mayoría, y no se detienen hasta llegar al también precario de las nuevas generaciones, que pretenden independizarse económicamente.
El aumento de las pensiones mínimas, el del número de plazas en residencias públicas y el de la ayuda domiciliaria se complementan con las subvenciones, estatal y autonómica, para los jóvenes arrendatarios de su primera vivienda. Aparentemente y como siempre, si votamos a determinada facción política todo va a discurrir por un sendero de rosas. Aunque, posteriormente, resulten de la variedad que poseen las espinas más agudas y lacerantes. Todo un completo "marketing" para captar resultados a cambio, la mayoría de las veces, de humo evanescente. Pero ésa, y no otra, es la filosofía esencial de la política, bien resumida por el desaparecido Tierno Galván cuando decía que las promesas hechas en tiempo electoral estaban para luego no cumplirse.
Me gustaría equivocarme, concretamente en una reciente promesa hecha, quizá con más voluntad que solución material, por nuestro actual presidente autonómico Paulino Rivero, enunciando la promesa de que "no se gastará un metro más de suelo para hoteles". Una decisión que, de llevarse a cabo, puede incidir de forma positiva en ese pretendido desarrollo sostenible (que ya es insostenible en casi todos los lugares de las islas capitalinas) para evitar el colapso social y económico de Canarias. La lógica de los que seguimos con interés estos problemas ha estado desde siempre en la solución intermedia; es decir, la de la remodelación de la planta hotelera obsoleta, puesto que, entre otras razones ventajosas, suele estar ubicada en los lugares más céntricos y mejor comunicados de las zonas turísticas.
No es lo mismo, y lo digo con ejemplos concretos, estar construyendo un gigantesco hotel en una zona mal comunicada de Alcalá, a años vista del cierre del anillo insular, que reformar totalmente un establecimiento situado en la avenida de Colón del Puerto de la Cruz o en la de Santiago Puig en Las Américas. Y si digo esto, también aludo al mal estado de conservación del pavimento de la autopista del Sur, cuyo carril derecho, materialmente destrozado por los vehículos pesados, está demandando en su conjunto una inmediata mejora del firme y un nuevo asfaltado; eso sin contar con el desdoblamiento a tres carriles y la conclusión de la circunvalación, para que miles de conductores obtengan el respiro diario de llegar a sus lugares de trabajo con más rapidez y menos peligro físico.
Considerando la tardanza inicial de todos estos planes de carreteras, por el necesario entendimiento entre la Comunidad y el Estado, no abrigamos muchas esperanzas de ver concluidas a medio plazo estas obras cruciales para las comunicaciones insulares, que deberían ser complementarias con una moratoria real (no ficticia, como hasta ahora) de las construcciones hoteleras. Entre otras razones, porque la equivocada ampliación alojativa sólo debilitará aún más el precio de la oferta, ya de por sí bastante precario. Y no es que lo diga uno por inercia, sino que ahí están las cifras de la disminución de visitantes del pasado mes de septiembre, y lo que es aún mayor, la sensación objetiva de que algo grave está pasando en nuestra industria más relevante. A la que luego hay que añadir la falsa concepción de prosperidad que está atrayendo el desorbitado tropel de la inmigración ilegal, y no me refiero precisamente al de las pateras sino al que entra por nuestros aeropuertos con pasaporte turístico.
Llegado a este punto del comentario, se impone utilizar el lema del anglosajón Halloween para preguntar ingenuamente a don Paulino. ¿Truco o trato?
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