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JUAN OLIVA-TRISTÁN FERNÁNDEZ

Mi tío Gaspar, "el Fanega, y el teléfono"

2/nov/07 07:43
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MI INOLVIDABLE tío Gaspar Rodríguez Tristán, más conocido como Gaspar el "Fanega", pertenecía a una pléyade de coñistas redomados y que tenía una tienda de tejidos en la lagunera calle de San Juan, donde más tarde estuvo la farmacia de Piñeiro.

Es cierta ocasión, mi tío le quiso dar una jodida a otro buen amigo suyo llamado Manuel el "Patita", que era empleado de una tienda de comestibles finos, propiedad de la familia Medina Ramos, y que se encontraba en la calle de la Carrera.

Era la época en que empezaban a funcionar aquellos artilugios llamados teléfonos y al ruinito de Gaspar no se le ocurrió otra cosa que llamar al "Patita", distorsionando la voz para no ser reconocido.

Una vez que el "Fanega" tuvo en el otro extremo al "Patita" le dijo que era de la Telefónica y que estaba haciendo unas pruebas rutinarias. Para ello le dijo que, con el dedo introducido en el número uno, girase todo el disco hasta el final. Terminada esta operación, debería hacerlo con otro dedo y así sucesivamente. Entonces, el "Patita", ya un tanto mosqueado, le dijo el funcionario de la Telefónica: "Oiga, he seguido sus instrucciones al pie de la letra pero me sobra un dedo", a lo que le responde Fanega: "Ése se lo puede meter por el culo". Decir la calentura y el berrinche que se agarró el "Patita" se me antoja quedarnos cortos.

Había un guardia municipal en La Laguna allá por los años cuarenta del pasado siglo que se llamaba Chano Valencia, hombre serio pero que se desvelaba porque la ley se cumpliera a rajatabla, y en cierta ocasión sorprendió a don Juan Penedo, el de la papelería, y en plena noche echando una copiosa meada en los jardines de la plaza de la Catedral. Como es natural, fue derechito a él recriminándole la acción, al tiempo que le decía: "Mire, don Juan, lo tengo que multar con diez pesetas, que es lo que está establecido para estos casos".

Entonces, Penedo, parsimonioso, abrió su portamonedas y le entregó veinte, a lo que Chano Valencia, sorprendido le dijo: "Quizá usted me entendió mal, le he dicho que la multa son diez pesetas y no veinte". Contestándole Penedo: "Sí, le he entendido perfectamente, las otras diez por el pedo que me he lanzado hace un momento y que usted no debió oír".

Del notario Cruz Auñón se decía que había hecho, trabajando, muchísimo dinero y que lo tenía todo. Esto llegó a oídos del notario, quien dijo: "Eso no es verdad, por ejemplo yo no tengo ninguna finca en San Miguel".

Una familia de "ringorango", lagunera ella, no comprendía por qué una persona podía llegar a ganar todo y más, a lo que Cruz Auñón responde: "Es fácil, estudian bachillerato, luego la carrera de Derecho y después aprueban y superan las oposiciones a notaría".

Termino con el chiste semanal. Un fulano le dice a otro: "¿Cuál es la acera de enfrente?", contestando el otro: "Aquella". Terminando el primero por decir: "Pues es raro, pues antes allí y me dijeron que era ésta".

Hasta la próxima y no me fallen.

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