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LA BUENA UVA JOSÉ H. CHELA

Cocina vaticana y la hebrea María

2/nov/07 07:43
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ACABO, COMO QUIEN DICE, de enriquecer mi biblioteca gastronómica con la compra de un precioso libro de Eva Celada: "Los secretos de la cocina del Vaticano". La misma periodista y experta en historias coquinarias ya nos había ofrecido otra obra muy interesante, "La cocina de la Casa Real Española", que también forma parte de mi colección: ni lo cortés quita lo valiente ni el republicanismo es óbice para enterarse de lo que han comido y cómo han comido los reyes en este país. Pasa lo mismo con la mesa de los obispos de Roma o sumos pontífices. Que la curiosidad histórica y gastronómica ha de ir más allá de los agnosticismos o ateísmos particulares del aficionado, si de verdad se quiere estar al tanto de algunos aspectos de la andadura de la coquinaria a través de los siglos y de las diversas capas de la sociedad.

El libro del que les cuento hoy, cuidadosamente editado por Planeta, profusa e inteligentemente ilustrado, es un estudio curioso e instructivo en el que se incluyen recetas puntuales de acontecimientos importantes y las fórmulas culinarias más apetecidas y preferidas por los diversos Papas, hasta llegar a la actualidad. Al lector crítico no le queda más remedio que preguntarse, asombrado, según va pasando páginas, cómo fue posible pasar en tan pocos siglos de la frugalidad de la última cena y de los ágapes de la Iglesia cristiana primitiva a la gula y las exhibiciones de un sibaritismo desmesurado que, desde luego, sí casaba perfectamente con los poderes y riquezas terrenales que iba acumulando el Papado. El cómo y el por qué el pueblo hambriento y desnutrido aceptaba esa situación y hasta la admiraba puede ser explicado por los historiadores, pero parece inaceptable por la mentalidad de las gentes y las mentes actuales. ¿O no y resulta que, si somos críticos y objetivos, continúa pasando, aunque menos exageradamente, lo mismo?...

Consideraciones de esta índole aparte, la autora se deja llevar por el entusiasmo -al fin y al cabo es colaboradora de la radio de la Conferencia Episcopal- y atribuye a los sucesivos cocineros de los Papas la invención de determinados sistemas y platos que han hecho fortuna en la cocina mundial, universal e imperecedera: desde la salsa carmelita al uso de la mozarella, pasando por determinados arroces con leche. De almendras, por ejemplo, que era el sucedáneo de utilizada en toda la cristiandad durante los días de vigilia. Pero, la admiración por la creatividad de los chefs vaticanos lleva a la señorita Celada a atribuir a aquellos calderos y fogones hasta lo inatribuible. Por ejemplo, el método del baño maría, que todo el mundo conoce, y que se emplea para distribuir lenta y uniformemente el calor en derredor de un recipiente. Método que se utiliza en la cocina, pero también usado por los alquimistas y en industria, pero que fue ideado no por un maestro cocinero del Vaticano, sino, según admite universal e históricamente, por una tal María -de ahí el nombre del invento- o Marian, hebrea ella, y hermana nada más y nada menos que de Moisés. O sea, que de lejos viene el experimento, oigan.

josechela@mojopi.com

 

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