DORY MERINO, Tenerife
"La fiesta litúrgica de hoy, dedicada a Todos los Santos, recuerda que en el cielo se encuentran innumerables almas, que han logrado agradar a Dios con su vida, pero que no cabrían en el calendario y, por este motivo, la Iglesia los conmemora a todos juntos el 1 de noviembre", tal y como explicó ayer a EL DÍA José Checa, profesor del Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias (ISTIC), quien manifestó que esta solemnidad abarca a todos los que ya están en el cielo, entre los que puede haber familiares, amigos o vecinos.
Checa indicó que el término santo era empleado por los primeros cristianos para denominarse a sí mismos, queriendo dar a entender que se identificaban con Cristo. A algunos de ellos, por circunstancias extraordinarias, se les hace un reconocimiento especial y durante todo el año celebramos la fiesta de muchos santos famosos, pero, también existen multitudes de santos desconocidos por nosotros. En este sentido, recordó que el destino final propio del hombre es lograr la santidad.
Según Benedicto XVI, "santo es aquel que está tan fascinado por la belleza de Dios y por su perfecta verdad que éstas lo irán progresivamente transformando. Por esta belleza y verdad está dispuesto a renunciar a todo, también a sí mismo. Le es suficiente el amor de Dios, que experimenta y transmite en el servicio humilde y desinteresado al prójimo".
La fiesta de hoy comenzó durante la persecución de Diocleciano (284-305), años en los que hubo tantos mártires que no se podía conmemorar a todos. Así surgió la necesidad de esta fiesta.
La Roma pagana observaba el fin del año el 21 de febrero con una fiesta llamada Feralia, destinada a dar descanso y paz a los difuntos, a base de ofrecer sacrificios por ellos. Con la cristianización del imperio romano, los papas pudieron remplazar las prácticas paganas. Así, el 13 de Mayo de 610, el papa Bonifacio IV consagró el Panteón Romano (donde antes se honraba a dioses paganos) para ser templo de la Santísima Virgen y de todos los mártires y así comenzó la fiesta de Todos los Santos. Gregorio III (731-741) la transfirió al primero de Noviembre y Gregorio IV (827-844) extendió esta fiesta a toda la Iglesia.
Checa indicó que la celebración de Todos los Santos ha estado siempre muy unida a la conmemoración de Todos los Difuntos, "dedicada a orar por las personas que han muerto, con el fin de pedir que pasen a formar parte del grupo de los santos".
Aunque la costumbre de rezar por los difuntos y celebrar misa por ellos es tan antigua como la Iglesia, la fiesta litúrgica por los Difuntos se remonta al 2 de noviembre de 998 cuando fue instituida por San Odilón, monje benedictino y quinto abad de Cluny, en el sur de Francia.
Es muy antigua la costumbre cristiana de visitar los cementerios este día, además de arreglar las tumbas con flores y, fundamentalmente, rezar por los muertos, manifestó el profesor del ISTIC.
Respecto a los nuevos elementos que se están introduciendo en la sociedad relacionados con estas fechas, como el Halloween, Checa manifestó que es propio de la dinámica de la sociedad, pero hizo hincapié en que la experiencia religiosa es distinta de la experiencia social. En este sentido, restó importancia al ritmo en el que se introducen estas nuevas costumbres porque son compatibles con la liturgia cristiana.
En opinión del profesor del ISTIC, "una persona que se vista de bruja por la noche y cante con una calabaza puede asistir a la misa del día siguiente y rezar por sus difuntos sin problema, porque se puede asumir un elemento cultural novedoso sin apartarse de la doctrina ni de lo que nos acerca a Dios".
A la hora de transmitir las costumbres cristianas a los hijos es importante que en el entorno de la familia se explique el profundo contenido de estas celebraciones.
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