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MARTES, 30 DE OCTUBRE DE 2007
EL HIERRO

El lujo de ser sostenible

La apuesta de la Isla del Meridiano por un modelo de desarrollo económico y social que busca la sostenibilidad tiene unos efectos no siempre beneficiosos para la población que, sin embargo, no piensa en dar marcha atrás.

E.C., S/C de Tenerife

La isla de El Hierro se ha convertido en los últimos años en un símbolo del tan traído y llevado desarrollo sostenible. Lo que en otros lugares no deja de ser aún una utopía o, en todo caso, una promesa política a largo plazo, en la Isla del Meridiano se lleva aplicando desde hace unos años, tanto con proyectos emblemáticos como la central hidroeléctrica que proporcionará con energía limpias agua y luz a todos los herreños, como con medidas del "día a día" que afectan al modelo económico, social y territorial de la Isla.

Se trata de una apuesta que ha ido calando poco a poco tanto en las instituciones como en la población, y hoy por hoy existe bastante unanimidad en la defensa de este modelo, pese a que no todo lo que implica es tan positivo para los 10.500 ciudadanos de El Hierro.

La más evidente muestra del camino diferente que han decidido emprender los herreños es su modelo de crecimiento turístico. Mientras los hoteles y apartamentos han ido colonizando año a año durante décadas muchas zonas del Archipiélago, en El Hierro la planta alojativa tiene una dimensión aún pequeña y, sobre todo, diferente a la del resto de Canarias, ya que se trata de pequeños negocios que pertenecen, en la mayoría de los casos, a gente de la propia Isla.

Nada de grandes hoteles en El Hierro. Hace un tiempo una gran cadena hotelera nacional presentó un proyecto para construir un gran establecimiento en Tacorón, con casi mil camas. Se le rechazó sin apenas discusión.

El presidente del Cabildo, Tomás Padrón, y los tres alcaldes herreños -David Casañas de La Frontera, Virgilio Fernández de El Pinar y Agustín Padrón de Valverde- tienen una posición idéntica ante esta cuestión. Consideran que un hotel crearía una gran riqueza inmediata para la isla durante unos años, mientras se construye. Pero los empleos mejores y más pagados serían para gente de fuera, que tendría que trasladarse a El Hierro a vivir, y a los que por tanto habría que proporcionar todo tipo de servicios, viviendas, carreteras y demás. Después, una vez en marcha, en el hotel podrían trabajar algunos herreños, pero también en puestos poco cualificados.

Y mientras, esa gran infraestructura estaría contribuyendo a destruir un modelo de isla con el que están plenamente comprometidos, que pasa por un respeto total a la naturaleza y a una forma de vida pacífica y tranquila, que supone un reclamo turístico por sí sola. Por tanto, si eso se pierde, El Hierro estaría arriesgando su futuro.

"El turismo masificado no le da dinero al ciudadano local", señala Tomás Padrón, que considera que su isla debe apostar por un producto que no se pueda encontrar en más sitios, porque de otra forma el turista no estaría dispuesto a gastar más dinero para llegar hasta allí.

El presidente insular tiene claro que hay que potenciar el turismo, sí, "pero de forma controlada", y que sirva a su vez para fomentar otros sectores como la agricultura, fomentando que los turistas que lleguen a El Hierro consuman productos locales.

Sobre la riqueza que generaría el desarrollo más radical del turismo, presidente y alcaldes tienen claro que es "pan para hoy y hambre para mañana", porque los beneficios, insisten, se irían fuera de El Hierro.

Los ciudadanos parecen plenamente comprometidos con la idea, no se escuchan voces en contra, a pesar de que renunciar a un crecimiento mayor les supone renunciar a muchas cosas.

Pero no sólo se produce esa situación con el sector turístico. Eso se repite en casi cualquier faceta, y otra muy clara es la del comercio.

Los herreños se quejan mucho de lo cara que es la cesta de la compra en la isla, donde ahora mismo no hay ninguna gran cadena de supermercados instaladas, y los negocios son también todos locales.

No es una coincidencia, sino una decisión meditada, ya que también aquí se piensa que es mejor que los beneficios se los lleve alguien de la isla que un empresario peninsular. Sobre lo que eso supone para el precio de los productos, Padrón también tiene una respuesta inmediata: En alguna isla como La Gomera donde han entrado ya esos grandes supermercados, resulta que la cesta de la compra es todavía más cara que en El Hierro.

"Es la factura que pagamos por el modelo que hemos elegido, pero hemos apostado por eso, por no crecer, aunque eso genere problemas y nos llevemos más de un cachetón", reconoce el alcalde de Valverde, Agustín Padrón, del PP.

Nada muy diferente a lo que señala el alcalde de La Frontera, David Casañas, que es de AHI-CC, que tiene claro que "no nos arrepentimos" por el coste que pueda suponer esa apuesta por el desarrollo sostenible que ha convertido a El Hierro "en un referente" en esta materia.

Para el recién elegido alcalde de El Pinar, Virgilio Fernández, la cuestión también está clara: "Nuestra isla es pequeña y sensible, y no podemos dejar que la destrocen".

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