CRISTINA ÁLVAREZ, Tenerife
El apellido Baudet ha estado ligado a las salas de cine de la Tenerife y de La Palma, ya que fueron los pioneros en traer a la Isla el séptimo arte y crearse una muy buena reputación que se mantiene hoy en día. Santa Cruz siempre fue una ciudad de cines y se podían contar unas 20 salas, mientras que en la Isla había casi un centenar.
El arquitecto José Enrique Marrero Regalado fue quien ideó el cine San Martín que se inauguró en 1957, el último que le queda a la familia Baudet, pionera en traer a Tenerife y La Palma las salas de proyección donde tantas fantasías se han vivido como parte de la vida de muchas generaciones.
Presumiblemente, antes de final de año, el citado recinto de 1.700 metros cuadrados será adquirido por el ayuntamiento por 200 millones de pesetas para ubicar el Centro Municipal Integrado (CMI) que se complementará con las instalaciones deportivas de la Casa Pisaca conformando un espacio sociocultural y deportivo en El Toscal a la espera de que la Cotmac apruebe el Plan General, según han confirmado el administrador de la familia, Carlos Rey, y la Concejalía de Urbanismo del ayuntamiento.
Si la negociación llega a buen puerto se mantendrá la fachada como acceso a las viviendas familiares y el nuevo centro municipal contará con dos entradas. Una de ellas estará ubicada en la calle San Miguel y otra estará por la de San Antonio. El citado centro dotacional de El Toscal es una vieja petición de los vecinos que no disponen de un lugar social donde reunirse ni practicar deporte salvo las canchas de la Casa de Pisaca, las cuales se integrarán en el proyecto.
Un cine se transformará en un centro donde se podrán realizar actividades socioculturales y en las dependencias anexas, se podrá practicar deporte como alternativa de ocio en la capital. Las instalaciones deberán ser reformadas y lo que hoy son estancias que rememoran un pasado con reminiscencias cinematográficas en un futuro no muy lejano albergarán otro tipo de servicios.
La familia Baudet comenzó su singladura de película con el Parque Recreativo -inaugurado en 1912-, el Teatro Baudet, el cine La Paz, San Martín, Cinelandia (La Cuesta) y el Cine Marte (La Palma).
Un antes y un después.- Nada más entrar se aprecia un gran hall con escaleras a la derecha para bajar a la sala y, a la izquierda, la cantina. Superadas las escaleras se encuentran ahora los baños, aunque el polvo, la suciedad y la falta de mantenimiento llega hasta traspasar las tres puertas -una central y dos laterales- dejando al descubierto una sala que antaño tenía butacas y hoy está completamente vacía. La puerta central está tapada y sobre la misma hay una canasta de baloncesto y un marcador, ya que dicho espacio estuvo alquilado al ayuntamiento durante unos años como espacio deportivo cubierto.
El falso techo presenta desperfectos y donde antaño se ubicaba la pantalla hay otra canasta de baloncesto. Tras cruzar una de las puertas laterales de la derecha se llega a un pasillo donde los señores salían en los descansos para fumar o charlar los quince minutos del descanso, momentos que se aprovechaban para cambiar el rollo de la película. Después de los tres timbrazos, el público sabía que debía volver a sus butacas.
Una sola obra.- Debajo de la pantalla estaba el foso de los músicos que se utilizó en la única obra de teatro que se representó en San Martín, así como el baile de Carnaval en 1973.
El teatro-cine San Martín tan sólo albergó la representación de una obra teatral porque "aquí venían muy pocas compañías de teatro. Ésta fue una zona mala para los cines y daba pérdidas, pero lo compensábamos con la recaudación de los otros cines que teníamos en Santa Cruz".
Pese a la falta de compañías que acudieran a representar obras teatrales, el San Martín cuenta con un espacio destinado a vestuarios.
La compañía de teatro que representó una obra en el cine San Martín fue la de María Teresa Pozón, aunque en el Parque Recreativo fueron muchas más.
El cine San Martín se inauguró con la película "Mogambo", del director John Ford y cuyas estrellas eran Ava Gardner, Grace Kelly y Clark Gable.
Baudet comenta que habían dos formas de alquilar las películas. Por un lado alquilándolas o, a porcentaje. Las normas contemplaban que debían que se debían proyectar doce películas extranjeras y dos españolas. El teatro-cine Baudet mantiene en muy buen estado sus cimientos, pero antaño abrió todos los días y mantenerlo abierto a la familia le costaba alrededor de unas 20.000 pesetas de la época, ya que había que pagar a un acomodador para la fila central y dos para las laterales, además de la taquilla, y a otras diez personas junto al encargado.
Entradas.- Una entrada al cine pasó de costar 2,5 pesetas hasta 18 pesetas, pero esos precios son los únicos que recuerda Baudet. "Los cines se han ido cerrando y creando multicines, pero la realidad de hoy en día es mucho más fría y el trato que se daba antes era más humano. Personalmente, he de confesar que llevo 37 años sin ir al cine porque la tele, el DVD y el vídeo han restado mucho público", dice Carlos Baudet.
Carlos Baudet confiesa que "desprenderme del cine San Martín me produce cierta nostalgia al igual que me ocurrió con los otros cines. Es una sensación lógica. Personalmente me gustaría donar al ayuntamiento la máquina Ossa Stabyl que la familia compró en Barcelona".
El proceso.- Cuando se proyectaba un rollo de película y se rompía se tenían que raspar ambos extremos y se pegaban con acetona. Las películas eran muy inflamables porque eran de celulosa y había que tener cuidado por si se sobrepasaba el calor y no era suficiente el agua que se les echaba para refrescarlas. Había una chimenea que servía para sacar los gases que producía el carbón. Dos pequeñas mangueritas soltaban pequeños chorros de agua sobre la lámpara para que no se recalentara la máquina de proyección.
Si los carbones se separaban se oscurecía la pantalla y si se juntaban se iluminaba.
Si se producía algún incidente de este tipo enseguida se enteraban en la sala de proyección por los silbidos del público asistente a la sesión.
Pese a que las películas se podían inflamar con facilidad porque eran de celulosa nunca se llegó a utilizar la manguera contraincendio que hay en el pasillo que lleva a la cabina de proyección y donde trabajaban tres personas -el jefe de cabina, el operador y el ayudante-. En los multicines el personal es menor.
Las puertas de hierro eran otras de las medidas de seguridad que tenía el cine San Martín, pero eran obligatorias para que sirvieran de cortafuegos. Asimismo, uno de los requisitos de los cines de la época es que las filas de butacas debían de tener una distancia determinada entre una y otra para permitir que se pudiera entrar, salir y sentarse con toda comodidad.
En todos los cines se exigía que existieran dos entradas principales en las fachadas, las cuales debían medir 2,5 metros de ancho como mínimo y una taquilla.
Todavía hay algún que otro affiche en el interior del cine de alguna de las películas que se proyectaron en el San Martín.
Según la costumbre, el cine que quería publicitar años atrás sus películas para que el público conociera la cartelera acudía a los comercios de todo Santa Cruz y pedía poner un affiche en el escaparate. El dueño del cine a cambio le daba una entrada al comerciante como gratificación.
Una de las vivencias de Carlos Baudet era que solía acudir a la sala de proyecciones y se ponía de espaldas a la máquina y frente a la pared para ver las películas que no eran aptas. "Se veían al revés, pero no importaba. Cuando se proyectaba una película no apta solía visitarnos un inspector que entraba a la sala para ver si había algún niño dentro. Su finalidad era el poner multas si menores estaban viendo una película que no era apta para su edad. Eran otros tiempos", dice.
La censura.- En la época de la censura recuerda Baudet que había que cortar de los rollos de película donde habían escenas en que los actores se besaban y se abrazaban, incluso se llegaban a tener visitas de los inspectores. En las décadas de los años cincuenta, sesenta y setenta, se celebraba el Día del Emblema.
Dicha celebración conllevaba que era obligatorio comprar por una perra un pequeño emblema con monumentos o símbolos franquistas y llevarlo encima junto a la entrada. Si el inspector veía a alguien sin el emblema le obligaba a salir del cine y comprar uno.
"Antes había más inspectores que ahora y recuerdo que los alquileres de las películas eran de 3.000 y 4.000 pesetas. Cada semana se cambiaba la película para hacerla rentable", dice Carlos Baudet.
Los multicines actuales en nada se parecen a los cines de antaño y Santa Cruz vivió una época de película con familias como la Baudet que hicieron posible que muchas generaciones soñaran frente a la pantalla con idilios y con escenas de amor donde los besos eran fingidos y hasta un abrazo podía costar una multa.
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