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"De la mar, el mero; de la tierra, el carnero, y de la lucha, el Palmero"

Una copla de tradición popular ilustra la magnitud del grandioso Alfredo Martín, que sobresalió por su comportamiento imprevisible en el terrero; con un estilo único y fulminante. El médico y periodista Luis Doreste Silva elogia la figura de un ex luchador de 84 años que vive plácidamente en Los Llanos de Aridane.
24/oct/07 17:19
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JORNADA, S/C de Tenerife

Alfredo Martín "el Palmero" (23 de diciembre de 1923) pertenece al selecto grupo de puntales míticos. La Federación de Lucha y CajaCanarias han perpetuado su recuerdo instaurando el torneo que lleva su nombre y que premia a la mejor selección cadete del Archipiélago.

El campeonato se disputará a mediados de enero próximo, pero el Palmero escribió sus mejores pasajes para la historia después de la Guerra Civil. De Alfredo Martín recoge una copla de tradición popular que dice: "De la mar, el mero; de la tierra, el carnero, y de la lucha canaria, el Palmero".

El médico y periodista Luis Doreste Silva (Las Palmas 1882 - 1971) elaboró una semblanza del extradordinario luchador en 1949. Exaltando las virtudes del Palmero como luchador y el impacto social en su época de apogeo. El relato es brillante. Ofrece retazos de un periodo considerado la edad de oro de la lucha canaria. Contaba:

"Puede decirse que la legión de buenos aficionados es admiradora literal de Alfredo Martín. Quedan en el resto, los que pudiéramos llamar, de la "cáscara amarga". Éstos, por sobre su arte de luchador, ponen defectos al dintorno del hombre en lo que tiene de jactancioso sobre el terrero, calificándolo de petulante. Pero ese pequeño sector, que no encuentra sustancia en lo que es un perfil, quijotesco, "olímpico", se une al vastísimo en la apreciación de que, actualmente, en nuestra lucha, no hay otro que tenga una personalidad mayor y más definida e inconfundible. Probablemente, nunca la hubo. Los amantes a la lucha que ya vamos para viejos, podemos decir que no recordamos en el terrero un hombre que nos pusiera, invariablemente, ante lo "inesperado" como Alfredo Martín. De los más grandes, aguardamos siempre su lucha favorita e implacable. Del "Palmero", esperamos siempre lo imprevisto y casi siempre en producto de victoria, aunque no lo sea, una creación, un alarde prodigioso de fantasía al poner en movimiento sus músculos ante el adversario. Ataca y se defiende armando las luchas más airosas, más inverosímiles y, sobre todo, inopinadas".

"El más genial"

"De todos los luchadores conocidos, es sin duda, Alfredo Martín, el más genial. Si está en posesión compendiosa de la lucha, de los procedimientos del tratado perfecto clásico, para él, dueño de un estilo único, no hay otra ortodoxia que la suya, una improvisación que le dictara, fulminante, sin vacilación, el juego, la maniobra del enemigo. Y si así debe ser siempre toda lucha magistral, con el "Palmero" ofrece aspectos excepcionales, tanto cuando él ataca por lo más inesperado y decisivo, como cuando se defiende del ataque de un impulso creativo sorprendente, de visión, de poder, de pasmosa habilidad, de elegancia artística soberana que arrebata. Entonces nace ese gesto olímpico especial de Alfredo Martín, que más parece asombro de sí mismo -a nuestro juicio- que arrogante fanfarronería. Y cuando vuelve a la agarrada a la batalla -que para él no hay descanso tomado al pantalón del adversario- su gesto confiado, firme y decidido es el del "Quijote" que está en lid por el ideal mismo de la lucha; natural que crea en su Dulcinea que es la Victoria.

Ante el "Palmero", pechando con sus adversarios, está el espectador siempre en espera de una emoción rayana en lo más verdaderamente espectacular, porque sobre todo, estamos seguros de descubrir algo nuevo y sin antecedentes para nuestro arte vernáculo. Genial, inimitable, exactamente personalísimo, no hay otro como él, entre ese espléndido plantel que, para orgullo y exaltación de nuestra simpar lucha, podemos admirar hoy. Puede permitirse Alfredo Martín, el ademán, ese lujo "olímpico", sin duda instintivo y espontáneo, que suele adoptar alguna vez. Hasta nos será fiel Alfredo Martín, ciertamente, a la nobleza y caballerosidad, para con el adversario, como es canónico y primordialísimo en nuestra lucha, simpático este contorno suyo gallardo y confiado, aureolado de superioridad y tal vez, con su brizna de "narcisismo". ¿Por qué esta estampa olímpica tan permitida, frecuentemente, a los grandes artistas, a los geniales, no ha de serle tolerada al artista número uno, actualmente, al que más emoción despierta y nos aporta goce legítimo mayor, de nuestra imponderable lucha canaria? Juzgadle, los inconformes, no de otro modo que como un asombrado de sí mismo a este Alfredo".

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