Recuerdo aquel célebre partido de la Copa de la Uefa, Tenerife-Lazio (5-3), el mejor que yo -con mis ojos, metafóricamente blanquiazules- contemplé desde siempre en el Heliodoro. El presidente de la Lazio, que no necesariamente propietario y mucho menos jefe del estado de nuestro visitante, era Dino Zoff, un mito del Calcio que -en su etapa de jugador y en su cualificación de portero- disputó 112 partidos y cuatro ediciones de la Copa del Mundo con la denominada squadra azurra. Aturdido, impactado y yo diría que incluso cagado, Zoff abandonó el palco del Heliodoro a la velocidad del viento, quizás sin saber que -antes de salir a la calle, en su vertiginoso tránsito al WC más íntimo y vulnerable, indudablemente en el hotel-, debía traspasar la Sala de Prensa. Allí, a duras penas y sin careta nuclear, tuve el honor de entrevistar para TVE a quien, aún en esta fecha, figura como el campeón del mundo (40 años, en 1982) más longevo de la historia. Apretándose el culo como buenamente pudo, Dino Zoff, pálido como un gufo -valga la resonancia-, me dijo que "e incredibili? una squadra del Calcio, signore, nonunca encajotti cinquoe goles?". No quise hacerle más preguntas, porque el hombre empezaba a mostrar partículas de diarrea en sus calcetines, y, lo que más me preocupaba, casi insinuaba que la ampliación de la entrevista por mi parte habría hecho casi inevitable que produjera la evacuación definitiva y el pringue canelo de micrófonos, cámaras, periodistas, Sarasolas, policías, picolos caninos y especies colindantes.
Supongo que un cólico similar, pero sin proyectarse con tan espectacular descomposición, debió sufrir en el Heliodoro ayer Javier Mandiola, el D.T. del club vasco, puesto que -con constantes limitaciones presupuestarias a lo largo de su historia- la Sociedad Deportiva Eibar jamás dispuso de plantillas precisamente galácticas, y, por tanto, fiel a los postulados del ultradefensivo concepto del catenaccio de Rocco, basó todos sus éxitos -alguno reciente y todos meritorios- en la táctica más rígidamente conservadora. Me refiero al director técnico, campeón de Europa con la guagua del Milán en los años 60, Nereo Rocco esto es, y en absoluto a Rocco Siffredi, Il Chussirino Rampante, actor pornográfico igualmente italiano, follador de profesión pues, y, en consecuencia, defensor de un ideal más propiamente ofensivo. En pocas ocasiones, el Eibar postmoderno, que sin duda habría triunfado en.el Calcio puro y duro de la década de los 60, encajó cuatro goles. Los números de los resultados de sus partidos siempre fueron muy leves, y, tradicionalmente, el Eibar, aunque ha metido poco, también ha encajado poco.
En lógica consecuencia, y no es porque nosotros estemos delante, la goleada del Tenerife -el equipo que más le ha penetrado durante este curso-, tiene un indiscutible mérito; que es irrebatible utilidad y renta de los ejecutores de los goles, Nino y Arruabarrena (ambos con sus dos parejitas), pero, si me lo permiten, provecho y cosecha especialmente labrados por nuestro vanguardista D.T., José Luis Ostras, quien, en su última comparecencia informativa, utilizó nuestros medios para enviar un mensaje letal a nuestros jugadores. "Hay que avanzar siempre hacia la portería contraria" fue el axioma balompédico de Ostras, quien ayer -además- nos obsequió con el gran detallazo de la alineación del virtuoso Ricardo.
La de ayer fue una jornada feliz, por tanto, en nuestro coliseo heliodórico, porque, además, el árbitro, José Luis González González, del colegio castellano-leonés, se desmarcó -con valentía histórica- del mandamiento colonialista de su estamento, y, no sólo expulsó a un rival, por muy Txiqui que fuera, sino que además pitó ¡dos/penaltis/dos!, Dios mío, a favor de nuestro Tenerife. Como lo están leyendo. Me apuesto el papeo del pejito anaranjado de mi ahijada Fefa a que el heroico árbitro, González bis, será sometido a investigación y llamado a declarar esta misma semana a La Moncloa, si no a la Comisión de Defensa del Congreso de los Disgustados, o, vaiga usted a saber, incluso al Tribunal de La Haiga.
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