En nuestro periplo "pueblo a pueblo" por "EL DÍA de ayer" de la isla de Tenerife, nos encontramos nuevamente en el municipio de Candelaria, en Igueste, donde Flora Alonso y Agrícola Coello establecieron su negocio hace más de 40 años. El bar El Fuerte ha sido testigo de excepción, junto con sus propietarios, del paso de los años en la Villa Mariana y del progreso de la isla, así como del crecimiento imparable del sur de Tenerife.
Candelaria se enfrentaba en los años 60 a su realidad tradicional y agrícola que sus habitantes intentaban compaginar con el progreso, que lento pero seguro comenzaba a llegar a la Villa. Ahí es donde nuestros protagonistas comienzan su aventura con El Fuerte. En un terrenito que su padre les dio para que fabricaran, como nos cuenta Flora, fue donde en 1963 comenzaron a hacer su casa, que un año más tarde sería donde abrirían aquel populoso bar de La Cuesta las Tablas, nombre con el que "la gente de toda la vida conocía a aquel barrio". Flora nos comenta que ese nombre venía dado por las enormes cuestas habidas en el lugar y que los vecinos trataban de subsanar colocando tablas con las que aliviar el tránsito de un lugar a otro.
1964, El Fuerte
La carretera general del sur, la única que había por aquel entonces era donde estaba situado aquel bar que abrió sus puertas en 1964. Más de 40 años en los que Agrícola y Flora han dado de comer a todos aquellos que han tenido a bien hacer una parada en su puerta.
El tránsito de la carretera lo convirtió desde muy pronto en un populoso punto de encuentro para visitantes, camioneros y foráneos que recalaban en aquellos años por Igueste. El pescado, las papas, batatas y carne de doña Flora eran el reclamo perfecto para aquellos que querían comer algo bueno y barato. Como nos comenta Flora "lo que comprábamos lo comprábamos a los vecinos de por aquí, ya que para dárselo a ganar a otros se lo dábamos a ellos". En aquellos años "un buen vaso de vino y un buen trozo de pescado recién sacado del agua" nunca faltó en los platos de nuestros clientes, por unas 150 pesetas de aquella época cualquiera podía comer comida casera caliente todos los días.
El Fuerte se convirtió así en parada obligada para los camioneros que iban al sur y que tenían que pasar de forma obligada por la carretera vieja "porque no había otra", nos señala Flora. "Eran gente buena y honrada que tenía sus letras que pagar y su familia que mantener", recuerda, y por ellos es por los que incluso hubo días en los que el bar no cerraba sus puertas durante las 24 horas del día. Nuestros protagonistas se acuerdan de los Reverones, los Frías y de muchos otros camioneros que comieron en su casa y que les dieron a ellos de comer, porque "nosotros los alimentábamos a ellos, pero gracias a ellos nosotros con lo que se ganaba en el negocio manteníamos nuestra casa".
Esta pareja y su negocio partícipes de excepción en el progreso de Candelaria, dieron de comer a muchos de los trabajadores que comenzaron en aquellos años 60 a construir la central eléctrica de Las Caletillas, convirtiéndose en protagonistas de un progreso que años más tarde cederían a la ansiada autopista.
Así, este matrimonio se alió con el progreso y con los tiempos y apostó por trabajar nada más y nada menos que 40 años para aquellos que pasaban y "echaban un rato en El Fuerte". Ahora desde la distancia y desde el sosiego que les da la vejez, ven la vida pasar animando a sus hijos a luchar como ellos lo hicieron por ser algo en la vida y por tener algo que poder contar a sus nietos. Ellos continúan en Candelaria, pueblo al que nosotros volveremos el próximo lunes para charlar un rato con doña Pilar Ana Díaz, quien nos dará una visión más de "EL DÍA de ayer" de Candelaria. FUENTE: ANSINA.
domingo.jorge@canaryinfoweb.com
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