N.Martín, Las Palmas
Apenas le faltaron a Juan Fernando López Aguilar los apoyos de 17 delegados "irreductibles" que prefirieron abstenerse a votarle durante la celebración del Congreso regional del PSC que se desarrolló en el auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas. Pese a todo, el que hasta ayer era citado en diversos medios como el candidato o el líder parlamentario se convirtió oficialmente en el secretario general de los socialistas canarios con el 92,97 por ciento de los apoyos, una cifra que superó ligeramente la marca registrada por un Juan Carlos Alemán que, emocionado y con el partido en pie, se marchó con agradecimiento a los servicios prestados incluido.
Pese al entusiasmo que Aguilar logró arrancar de los delegados, no es menos cierto que se enfrentó a lo largo del día a dos amagos de crisis: una, por la mañana, cuando un buen número de agrupaciones tinerfeñas se abstuvieron en la votación para elegir a la Mesa del Congreso, todo un aviso a una confección de la Ejecutiva regional del PSC que el nuevo líder del partido no quiso negociar y que se guardó como oro en paño hasta el último momento.
La segunda se produjo ya a punto del cierre del primer día de cónclave, cuando era evidente cierto malestar entre sectores del partido por no haber sometido su lista al consenso, haciendo buena la frase que, en su despedida, le había dirigido Alemán: "Demostraré mi lealtad al nuevo secretario general y a la dirección que él elija y no a la que le elijan", subrayó.
Tal y como había prometido, el nuevo líder socialista no se refirió en ningún momento a si será o no candidato al Congreso de los Diputados por Las Palmas en las elecciones generales de marzo de 2008, salvo un par de frases crípticas contra "los propagandistas" que le preguntan a él todos los días y no hacen lo mismo, defendió, con sus adversarios. Salvo esa afirmación y sus alusiones al derecho de los socialistas a controlar los tiempos, poco más. Eso sí, garantizó a los delegados e invitados presentes en el Alfredo Kraus que les llevaría -él personalmente, comprometió- a la victoria en los comicios autonómicos de 2011.
Aguilar, en su consagración como máximo mandatario de su partido en Canarias, optó por endurecer aún más su ya de por sí contundente discurso con respecto a sus adversarios nacionalistas y populares, a los que dedicó epítetos cuyo nivel osciló entre la calificación de "caciquil" y la de "nepotismo". A su juicio, ambos partidos unieron sus destinos cuando firmaron en la capital de España el pacto para gobernar en Canarias en lo que llamó la "foto de Madrid", donde "lo que queda de CC se abrazó a lo peor del peor PP", "pisoteando el mensaje de las urnas".
En su intervención, arremetió contra las responsables de Educación y Sanidad del Gobierno, e insistió en que frente a estos problemas, el Ejecutivo regional "sólo acierta a endosarle sus problemas a José Luis Rodríguez Zapatero, a la superpoblación y a las pateras".
A su juicio, las políticas puestas en marcha durante los gobiernos de CC y PP han sido las del "despilfarro, el abuso de poder, el deterioro del medio ambiente y el engaño", una forma de hacer política "más propia del siglo XIX" auspiciada por "lo que queda de CC y lo peor del peor PP".
Ambos socios utilizan, a su juicio, las instituciones como bolsa de "enchufismo" y "nepotismo" del que puso como ejemplo la Televisión autonómica o la intención de crear la Policía canaria.
Como revulsivo propugnó una "rebelión" cívica que les lleve al poder tras las elecciones generales de 2008 o, a más tardar, en 2011, un objetivo al que se comprometió personalmente y que, dijo, está al alcance de las manos de los suyos por su nivel de identificación con la sociedad canaria.
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