LAS CUATRO ISLAS más orientales del Archipiélago, que son las afectadas por la ley de moratoria turística, son partidarias de que su opinión sea determinante para decidir el tope y la calidad de sus plazas hoteleras, en lugar de depender de una decisión del Parlamento, como ocurre ahora. Aunque la vigencia de las llamadas Directrices del Turismo ya expiró hace un año, su prórroga ha creado una situación de incertidumbre que va a ser despejada con otra ley que se revisará cada tres años, y cuya elaboración está próxima. Dentro de la ronda de consultas con los sectores afectados, los cabildos ya han adelantado cuál será su posición.
Nos parece muy bien ese planteamiento. Así cada palo aguantará su vela y se verá quién sabe gestionar mejor o peor la principal fuente de ingresos de Canarias, para que nadie viva de las rentas o se aproveche de la imagen de otro. Por algo es el Cabildo tinerfeño el que más insiste en este punto y es el único que pide al Gobierno canario que la nueva ley contemple que los proyectos turísticos que presente la corporación insular tengan carácter vinculante para el Ejecutivo. Entre otras cosas, porque aquí Ricardo Melchior y sus consejeros hace tiempo que hicieron sus deberes y aprobaron un Plan Insular de Ordenación, documento básico para saber cuántos hoteles y apartamentos más se pueden construir y dónde; cosa que no han hecho, por ejemplo, en Canaria.
Y esta misma filosofía de que cada cual se saque las castañas del fuego debería aplicarse a la promoción exterior de las Islas; que cada cual "venda" lo suyo. Porque ahora una isla seca, como Canaria, juega a la confusión que causa su nombre entre los foráneos para beneficiarse de la imagen verde de Tenerife o La Palma. Seguro que más de un turista se ha llevado un chasco al llegar a Gando. La tercera isla se ha beneficiado en legislaturas anteriores de los sustanciosos fondos que el Gobierno autónomo destina a ferias y eventos donde se presenta Canarias como un todo, y nada más lejos de la realidad. Ya está bien con el expolio que sufre Tenerife en otros órdenes como para que, encima, los mismos que han realizado, o permitido, esos despojos se lleven parte de los visitantes que atrae la imagen del Teide, por poner un ejemplo. Sería una buena idea que la futura ley que sustituya a la de moratoria turística regule también las promociones exteriores, para que sea la opinión de los cabildos la que prevalezca.
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