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MARTES, 16 DE OCTUBRE DE 2007

Cartas al Director

Borrando las huellas

No hay un minuto que perder. Por los pasillos del Congreso transitan apresurados los parlamentarios de IU-ICV, ERC y PSOE. Es necesario llegar a un acuerdo antes de que concluya octubre, fecha tope en el calendario previsto para la aprobación de la Ley de Memoria Histórica. El Gobierno no termina de aproximarse a las pretensiones de IU y ERC, aunque bien saben éstos que, por muchos pasos que den los socialistas, nunca serán suficientes. Ya lo ha declarado Llamazares: "La ley es un punto de partida, no de llegada", y el socialismo en el poder, el vehículo para alcanzarlo. Tiempo al tiempo.

Pero hay acuerdo, pues, en lo fundamental y, a pesar de sus marcadas diferencias, todos coinciden. Hoy sabemos que el problema no era las víctimas del franquismo que supuestamente carecían de una dignidad que se venía a restituir. La historia era la Historia o, mejor dicho, el meollo era la política. ¿Qué podría esperarse si no de sus profesionales?

Ya empiezan a conocerse los listados de símbolos franquistas por retirarse: avenida General Yagüe, paseo General Mola, calle Capitán Haya... no hay pantanos, ni autopistas, ni terrenos roturados por el INC y casas construidas por el INV, sólo rótulos de calles, estatuas y escudos. La memoria también en esto es selectiva. Pero la extensa lista elaborada por los dueños del "Ministerio de la Verdad" -tan amplia es que va a parecer que franquistas eran todos los españoles- incluye, entre franquista y franquista a suprimir, otros nombres de "no franquistas", es decir, de personas que no conocieron aquel régimen. ¿Y quiénes son?: Ramiro de Maeztu, mártires de Turón, Calvo Sotelo, los hermanos García Noblejas, los mártires de Paracuellos, el Cerro de los Ángeles... ¿Y por qué no lo conocieron? Porque fueron asesinados antes de que llegara a existir. Entonces, ¿por qué retirar sus nombres del callejero? ¿Se trata de un desliz o de ignorancia? Ni lo uno ni lo otro. Los políticos de hoy y algunos de ayer tratan de borrar las huellas de un crimen -de muchos crímenes- que sus antepasados en la militancia cometieron allá por 1936.

Si no es desde este punto de vista, no podría comprenderse la decisión de obligar a retirar, mediante la coacción económica que establece la ley para los que ofrezcan resistencia, las placas que dan testimonio en las iglesias y plazas de nuestro país de los otros muertos, los ahora censurados, aquellos que cayeron en el frente defendiendo su supervivencia, la fe que profesaban y la España en la que creían -los "caídos por Dios y por España"- y los que fueron asesinados en la retaguardia por las milicias de los partidos de las izquierdas y nacionalistas y el propio Gobierno.

El próximo 28 de octubre se beatificarán en Roma a 498 mártires de la fe asesinados por las huestes del Frente Popular entre 1936 y 1939. No está de más recordar en estos días que éstos son sólo un ejemplo pequeño pero significativo del conjunto de personas que perecieron en aquella guerra fruto del odio y la crueldad ejercido por las huestes del Frente Popular.

Otros crímenes -éstos ad intra del Frente Popular- tampoco tienen cabida en la ley. ¿Dónde están los frentepopulistas víctimas del Frente Popular? ¿Qué es de Andreu Nin? ¿De los anarquistas de Barcelona? ¿Qué sucede con los republicanos que tuvieron que huir de la República ? ¿Qué hay de Gregorio Marañón y Ortega y Gasset? ¿No hay que recordar a los caídos en el frente pero no por una bala enemiga sino víctimas de un tiro por la espalda? La Historia que pretende establecerse como ley olvida intencionalmente a esos muertos. El tiempo en el que confían los insatisfechos por la ley puede traernos otra donde se diriman las querellas intestinas que entonces también se dieron.

La Ley de Memoria no pretende "dignificar" a los represaliados y a los que sufrieron la guerra de uno u otro modo, sino imponer al conjunto de la sociedad una visión "cerrada" y sin fisuras de la Historia de España y reprobar a los que no la comparten, eliminando no sólo los vestigios del franquismo, al que se execra, sino también las pruebas de la masacre cometida en España por el Frente Popular, al que se exalta -sus iconos están siendo propuestos para ocupar el viario huérfano de nombres-, integrado entonces por el PCE, el PSOE, el PSUC, el POUM, los anarquistas en sus distintas variantes y algunos partidos republicanos, con el objetivo último de hiperlegitimar a los que se proclaman sus herederos.

Tal y como reza la exposición de motivos de la futura ley, los crímenes de la guerra son crímenes del franquismo -no reconoce otros- y no hay más criminal que el franquismo, por lo que los muertos en el armario de la ERC, del PSOE, del PNV, de IU y de los republicanos en general desvirtuarían la narración prefijada.

Orwell lo tenía muy claro. En el Estado totalitario que dibuja en 1984 el primer y fundamental paso para la construcción del Estado totalitario se da con el Ministerio de la Verdad, que es el instrumento del poder para reescribir el pasado en función de los intereses presentes. Lo sucedido poco importa, el negocio económico y político no pasa por ahí.

Carlos Gregorio Hernández

(Profesor de Historia Contemporánea del Instituto Ángel Ayala-Universidad San Pablo-CEU de Madrid)

A usted, que dice que la sanidad va bien

Señora Roldós, le voy a relatar un hecho puntual, el cual no es la primera vez que pasa, tanto a mi familia como a otras muchas, cuando acudimos al servicio de Urgencias del Hospital Universitario, con la desidia y el mal hacer de este servicio.

Durante muchos años, la misma historia: horas interminables en Urgencias, la misma respuesta de los médicos -"se está valorando"- y, cuando hablamos con nuestro familiar, no le han hecho nada. En ocasiones llegan a faltar el respeto, pero la mayoría de nosotros callamos. Pero a mí, señora consejera, esta semana, mi vaso, el de la paciencia se me ha rebosado por lo que le voy a narrar.

Un familiar sufría un accidente de circulación en la Autopista del Norte y era trasladado en ambulancia a Urgencias del Hospital Universitario, pasadas las tres de la tarde. Va avanzando la tarde, y los familiares sólo obtenemos la siguiente respuesta: lo están valorado. Pasadas 3 horas desde información me comunican que no lo ha visto ningún médico, porque no hay traumatólogo. Sorprendente ¿verdad?

Mi enfado es monumental y decidimos trasladarlo y llevarlo a un centro privado. Eso sí, antes presentando las correspondientes reclamaciones por el trato recibido y por la ausencia de traumatólogo en el servicio de Urgencias.

Digna de mención es la sala de espera de los pacientes que entran por Urgencias: alrededor de unas 12 personas sentadas, esperando a que les toque su turno, sin la más mínima atención de un sanitario. Sin palabras.

Como contribuyentes, nos obligan a pagar una Seguridad Social que no cumple y que encima no nos trata con respeto. Me gustaría que alguien evaluara las deficiencias del servicio de Urgencias y pusieran remedio, y, si hacen falta 5 traumatólogos, que los pongan. Y no me vuelvan a decir que la Sanidad está bien, que las listas de espera mejoran, porque no es verdad.

Señora Roldós, déjense de gastar el dinero, nuestro dinero, en cursos, en países como Senegal, para explicarles que somos un país desarrollado, cuando ellos, con muchísimos menos recursos, funcionan mejor y son más desarrollados que nosotros.

Después de esto, no me diga, señora Roldós, que el sistema sanitario canario está bien, porque no lo creo.

María Magdalena Sánchez

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