INVESTIGAR la historia y darla a conocer requiere mucha responsabilidad, dedicación y trabajo, cuyo objetivo más importante es la divulgación de lo que se indaga, y para ello se precisa de una buena dosis de paciencia y estudio con las fuentes documentales que se manejan, ya sean escritas u orales. Esto lo entienden los amantes de la cultura y la gente curiosa a la que le gusta enterarse del pasado en general, y del acontecer de sus predecesores y de las secuencias pretéritas que ha vivido su pueblo en particular. Pero todavía queda gente que no lo entiende así porque su inteligencia está inmersa en un círculo vicioso, sólo programada para recoger las consignas cuadriculadas de la provocación y la envidia. De otra manera no se entiende la actitud de algunas personas que se mueven en la arena política.
Hace unas semanas se presentó el libro titulado "Tacoronte. Mercadillo del Agricultor y otras entidades agrarias", con la asistencia de más de un centenar de personas, que se dieron cita precisamente en el marco ideal, el propio mercadillo que tiene sus instalaciones en el barrio de San Juan. Se trata de una publicación que surge bajo el estímulo de los 25 años de andadura de una entidad agrícola que es pionera en la isla de Tenerife, y que a lo largo de este cuarto de siglo (1981-2006) ha mantenido un desenvolvimiento intachable respecto a los principios fundamentales que dieron origen a su proyección desde 1979 por parte de unos pocos agricultores, entonces seriamente preocupados por la situación que estaba atravesando el campo.
Encomiable, genial y meritoria la perspectiva de aquellos esforzados vecinos, cuyas ideas iniciales me incitaron a la investigación para plasmar en un libro un acontecer todavía reciente en el tiempo, pero que también se iba diluyendo a causa de los que dejaban para siempre nuestro mundo llevando consigo sus valiosos recuerdos. Mi labor se centró, como es lógico, en los archivos locales existentes, en otros libros, en mi archivo particular y en la memoria popular, esencialmente en la memoria popular antes de que se perdiera una información que era patrimonio de los auténticos protagonistas. Para ello me entrevisté con una veintena de personas contemporáneas de la época, las cuales me contaron sus vivencias y detalles inherentes al mercadillo, y gracias a ellas pude conformar este libro, para bien o para mal, esa es mi responsabilidad.
Agradezco sinceramente las numerosas felicitaciones y expresiones de ánimo que me han brindado, las que siempre recibo como un acicate más que me induce continuar en una labor que considero muy importante para mi pueblo de Tacoronte, una labor no exenta de esfuerzo y trabajo, incluso de ingratitud, y también de riesgo por lo que pueda quedar olvidado o por el error humano que siempre es factible caber en cualquier publicación, y por tanto sujeta a la crítica que debe ser constructiva, orientadora y sincera. Y el agradecimiento que vuelvo a reiterar a todos aquellos que contribuyeron con su información a la culminación del libro.
Sin embargo, no es de recibo la crítica que se esconde tras una soflama política que analiza a su conveniencia y violenta los argumentos con ánimo de provocar y hurgar en cuestiones de índole personal que no vienen a cuento. Esta forma de actuar viene con sobrados antecedentes de quien tiene la mente obsesionada por tendencias que rozan lo patético, lo cual es lamentable para un cargo público que debería elogiar cualquier iniciativa cultural, y si no fuera de su gusto, optar por el silencio es más digno y clamoroso que acudir a la crítica malsonante y envidiosa que se descalifica por sí misma.
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