G. JIMÉNEZ, S/C de Tenerife
La música es el lenguaje más universal, pero además posee múltiples propiedades. De ahí que podamos hablar de la musicoterapia en niños de hasta tres y seis años y no precisamente para amansarlos, sino para introducirlos en este lenguaje, a la vez que se ayuda al desarrollo psicomotriz.
Se trata de unas clases totalmente lúdicas que se imparten en guarderías y centros escolares, para acercar a los niños a esta materia a la vez que se trabajan diferentes áreas. "Acercamos a los niños al mundo de la música a través de un sistema eminentemente lúdico, tal como haría cualquier madre o padre para enseñarles a hablar", explica Roxana, profesora de musicoterapia.
El desarrollo de la motricidad gruesa a través del ritmo es uno de los aspectos que se trabajan en esta terapia, pues el uso de movimientos favorece la coordinación. "Aprenden a coordinar sus pasos y la oscilación de sus brazos, todos los movimientos segmentarios del cuerpo en base a una determinada rítmica", comenta la profesora. "Llega un momento en que comenzamos a caminar y palmear al ritmo de las canciones. Caminamos a un pulso y marcamos con las palmas otro".
"Todo lo que sean acciones de locomoción -continúa-, conocimientos del espacio y coordinación motora se trabaja muchísimo, pues los niños a nivel motriz tienen una torpeza mayor y hay que trabajar más con ellos porque pasan mucho tiempo jugando con aparatos electrónicos o viendo la tele y ya no corren como antes".
La evolución en el espacio se abarca también en esta actividad al trabajarse la inteligencia lógico-matemática y temporal-espacial. "Siempre usamos pequeñas canciones que te ayudan a ubicarte en el espacio y hablan de acciones como son caminar o dirigirte hacia un lado u otro. De esta manera empiezan a comprender lo que es el espacio total y el espacio parcial", relata Roxana.
Los sonidos y la dicción
La terapia musical ayuda al desarrollo de la dicción de los menores. "La educación a través de la música sirve para desarrollar el vocabulario. De hecho se pueden escuchar niños que cantan mejor que hablan, pues la melodía parece ayudar mucho a trabajar la dicción, el ritmo de las palabras y la entonación de las frases".
Estas clases también logran que los niños de casi tres años discriminen perfectamente sonidos agudos, de graves o largos, de cortos. Para lograrlo se realizan ejercicios para que los niños marquen el pulso con cualquier parte del cuerpo. "Para lograrlo utilizamos por ejemplo el juego de palmas al ritmo de la música. Las melodías utilizan sonidos agudos y graves y utilizamos el uso de pasos fuertes o más débiles para que aprendan a diferenciarlos", cuenta la profesora. "También -prosigue- usamos los silencios. Por ejemplo, tenemos un vals, el del mosquito, que cuando hay música son mosquitos y cuando hay silencio se lanzan a picar a alguien, y con eso aprenden sonido-silencio".
Para realizar todas las actividades con niños tan pequeños se utilizan elementos como telas y globos para incrementar la parte lúdica en relación con el aprendizaje. "Nosotros representamos con esos elementos el cambio de tonos, porque uno menor suena más triste y uno mayor más alegre, y eso lo representamos con las telas o con los globos. Los niños se divierten muchísimo", asegura Roxana.
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