N. VIZOSO, S/C de Tenerife
El fuego y el humo se apoderaron durante la mañana de ayer de las instalaciones del aeropuerto de Los Rodeos, en el Norte de la Isla, en el transcurso del simulacro de accidente que realizó la empresa Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (Aena) dentro del programa de revisión del Plan de Emergencias Aeronáuticas que lleva a cabo la compañía.
Afortunadamente, ayer fue sólo ficción, aunque con el objetivo de ser lo más real posible, pero este tipo de desgracias aeronáuticas pueden ocurrir en cualquier momento y hay que saber estar preparado para actuar con la celeridad necesaria.
Por ello, en cumplimiento de las disposiciones de la Organización Internacional de Aviación Civil, Aena ha establecido que cada aeropuerto disponga de un Plan de Emergencia que fue puesto a prueba ayer con este simulacro general de accidente. Este tipo de ejercicios están diseñados para salvar vidas humanas, mantener la operatividad aeroportuaria y minimizar el impacto sobre el medio ambiente. De esta forma, su objetivo fundamental es responder de manera rápida y eficaz en caso de accidente aéreo o de emergencia aeronáutica.
Una desgracia simulada
Todo comenzó hacia las 11:30 de la mañana. Pese a hacer un día despejado, un vehículo portamaletas colisionó contra un camión cisterna que estaba abasteciendo de combustible a una aeronave turbohélice cuatrimotor con 39 personas en su interior, 35 pasajeros y los 4 miembros de la tripulación.
Tras el impacto, el fuego afecta a la cisterna y se extiende a parte del fuselaje del aparato. En menos de cinco minutos aparecen en escena tres camiones del Servicio de Extinción de Incendios de Aena que forman la avanzadilla del Plan de Emergencias y son los encargados de efectuar el control y la extinción del fuego, gracias a los 4.000 litros de espuma por minuto que expulsan sus cañones, además se encargan de la ventilación de la aeronave y del rescate de las víctimas atrapadas en su interior.
Acto seguido, y ya con el fuego extinguido, hace su aparición el servicio médico para coordinar las labores de transporte hasta el área de clasificación de víctimas y su posterior traslado a los centros hospitalarios de referencia. Mientras, los bomberos continúan con los trabajos de enfriamiento del fuselaje e inician la excarcelación del conductor del vehículo portamaletas que, inconsciente, ha quedado atrapado en su interior.
Por otra parte, la Guardia Civil del aeropuerto es la responsable de acordonar la zona del accidente y de preservar los restos de las víctimas fallecidas para la posterior investigación, mientras que la seguridad privada es la responsable de los controles de acceso al aeropuerto, garantizando tanto su seguridad como la fluidez de entrada de la ayuda exterior.
Este relato es sobre un acontecimiento ficticio, por lo que su carga dramática desaparece, pero la importancia en la preparación del simulacro es vital para que en las posibles ocasiones en las que se haga realidad un accidente de este tipo, todos los agentes implicados en la resolución de la crisis sepan actuar y respondan de manera rápida y eficaz.
Por ello, en el transcurso del simulacro se analizaron los tiempos de activación, actuación y respuesta de los colectivos implicados en una situación de alerta.
El balance final del accidente dejó un trágico resultado de ocho fallecidos, dos heridos muy graves, once heridos graves y 20 leves e ilesos, eso sí, todos de "mentira" para que nunca los haya de "verdad".
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