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LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA

El Teide y las ascensiones

5/oct/07 02:40
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AUNQUE ME PESE, este ladrillo será una recuperación de la "Memoria Histórica", invento zapateril, que tiene muy "mala prensa" porque el recuerdo que Zapatero recomienda recuperar es el que afecta a todo lo malo de la dictadura y de la Guerra Civil. Acabo de leer en este periódico que el "Refugio de Altavista", construido en las laderas del pico Teide y generalmente desatendido por la administración de la que depende, ha sido objeto de unas obras de mejora, reparación y acondicionamiento para presentarlo como es debido, y hasta instalación de servicios fundamentales como suministro de agua potable y conexión de fibra óptica, en la que se ha gastado un millón de euros. Se prevé emplear cien mil euros más para ampliación de instalaciones y previsión de energía solar. La primera y, de momento, única estancia que he tenido en el refugio, fue por los años cincuenta y pico o sesenta. La edificación no era un palacio, pero, a mi modesto entender, era un refugio de verdad donde había camas-literas, cocina, comedor, salas de reunión y los correspondientes servicios higiénicos, aunque los terrenos de casa afuera podían utilizarse para esos servicios, en una gran extensión, si uno se exponía a que se le helara el trasero y alrededores orgánicos, que uno tenía que calentarse en las chimeneas o en los fogones de la cocina.

Aquella ascensión al "padre" Teide la organizó el recordado don Andrés Arroyo, artífice del actual teleférico, cuando se preparaba la instalación del dispositivo. Don Andrés no subió porque no estaba para esos trotes, pero su hijo mayor, que también se llamaba Andrés, que era un gran amigo y una excelente persona, cargó con la organización. Resulta que Andrés, hijo, había invitado un noble europeo de prestigio, que había sido su compañero de estudios en un centro superior de enseñanza de Alemania. Y el Príncipe -ese era su título nobiliario- aceptó. Unos subimos a patita por el viejo camino al refugio y otros en mula. Yo fui mitad en mula y mitad a patita. Y luego, antes de amanecer, se tocó diana, y todo el mundo a pata, en hilera tomó la senda que conducía del Refugio al cráter, pasando campo a través porque no había camino, por el "Pan de azúcar", donde se da un paso para adelante y dos para atrás. Al amanecer, cuando salía el sol, todo el Archipiélago quedó a nuestros pies, un espectáculo único. Nos metimos en el cráter, que olía a azufre y a gases sulfurosos, salían pequeñas fumarolas y daba calorcito en aquella nevera gigante. Como en esas excursiones hay más novelería que nada, dormimos muy poco y algunos, nada. Lo extraño fue que el coñac y demás bebidas fuertes que tomamos generosamente no nos hacían efecto. Si me llegan a hacer las que ingerí, no doy ni un paso hasta el cráter y me quedo sin espectáculo.

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