COLPISA, Madrid
Antonio Camacho sostiene que los 50,22 millones desaparecidos en Gescartera se perdieron en malas inversiones y que los clientes a renta fija eran en realidad "usureros" con los que pretendía sacar a flote su empresa.
Pero su mujer no sabe de que está hablando. Laura García Morey afirmó ayer ante el tribunal que desconocía los problemas de liquidez de la sociedad y la existencia de estos supuestos prestamistas. "Mi labor en Gescartera se limitaba a la pecera de seguridad donde se liquidaban las operaciones", argumentó.
La acusada, hija del cantante me-lódico Jaime García Morey, trató de presentarse ante los magistrados como una becaria que llegó a ser la novia del jefe y que no se enteró de gran cosa en los tres años y medios durante los que trabajó en la sociedad.
Reconoció, no obstante, que la agencia se dedicaba sobre todo a la compraventa de títulos en Bolsa dentro de un mismo día y que era administradora de una sociedad inmobiliaria de Camacho. La Fiscalía sostiene que éstos son dos de los mecanismos que utilizaban los acusados para llevarse el dinero de los clientes y pide para ella seis años de cárcel.
Un empleado de la agencia desveló, por otra parte, que los clientes de renta fija de Gescartera se dividían en "ordinarios y preferentes". Miguel Ángel Vicente, un licenciado en historia de arte que entró en la sociedad como becario y acabó como director de mantenimiento, explicó al tribunal que Camacho concedía a un "círculo personal de clientes preferenciales" intereses anuales superiores al 22 por ciento, cuando al resto se les remuneraba con entre un 5 y un 7 por ciento.
El acusado lo sabe de buena tinta, porque su familia fue una de las principales beneficiadas. Junto a sus padres y hermanos, realizó una inversión inicial en renta fija de unos 120.000 euros a comienzos de los noventa que en el año 2001 se habían multiplicado por veinte, hasta los 2,4 millones de euros, gracias a los intereses de hasta un 26,1 por ciento anual que les facilitaba Antonio Camacho. Algo que, según sostuvo, nunca le extrañó. Y ello pese a que era el encargado de introducir en hojas de cálculo las muy inferiores rentabilidades que percibían el resto de los clientes de renta fija.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD