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JOSÉ ANTONIO PÉREZ LEÓN

Roger Hodgson, la voz y el alma de Supertramp

3/oct/07 02:25
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ROGER HODGSON visitará Tenerife con 57 años de edad, pero, cuando tenía veinte se lanzaban a la fama unos chicos, amigos ellos, bajo el nombre de Supertramp, denominación inspirada en una novela de W.H. Daves, "The autobiography of Supertramp", que leyó uno de ellos, Rick Davies, quien, junto a nuestro protagonista, formó en los inicios una banda que se llamó Rick Blues y en la que también formó un entonces desconocido Gilbert O´Sullivan a la batería, aquel espléndido baladista que hace bastantes años nos maravilló con canciones como "Alone again, naturally", "What´s in a kiss" o "Clair", y al que pudimos ver en la década de los ochenta en el Puerto de la Cruz. Antes, para que Davies y Hodgson cruzaran sus caminos, tuvo que surgir una bonita historia: en 1969, el primero pone un anuncio en la prensa ofreciendo oportunidad a músicos jóvenes para formar un grupo. Roger se presentó y entre ambos surgiría Daddy, luego Rick Blues y seis meses después, Supertramp.

Fue, pues, en 1970 cuando Supertramp da sus primeros pasos con un LP que llevaba ese nombre y que incluía temas de jazz-pop, con una portada horrorosa encargada a un amigo estudiante de arte y, eso sí, con el importante apoyo de un mecenas holandés que les abrió camino. El disco pasó desapercibido, hasta que llegó un segundo trabajo, "Indelibly Stamped", con una portada en la que se veían unos pechos tatuados, y que en España sufrió los vergonzantes ataques de la censura franquista, con escaso éxito, hasta el punto de que el mecenas holandés los deja, sin percatarse de la tremenda metedura de pata que acaba de cometer porque en 1974 surge una maravilla llamada "Crime of the Century", uno de los discos más importantes en la vida de esta banda, cuyos dos cabecillas, Davies y Hodgon, que ostentaban los teclados, guitarra y voz del grupo, ya tienen acompañantes de lujo, como Bob Bengerg a la batería, Dougie Thompson al bajo y el maestro John Anthony Helliwell al saxo. Les llega su gran oportunidad y ello no se le escapa a un nuevo mecenas, Ken Scott, productor de David Bowie, que ve cómo este disco se dispara al número uno en Inglaterra y se coloca durante casi un año en el hit parade de Estados Unidos con temas como "School" o "Dreamer".

Después llegaron los que para mí son dos de los discos más grandes de la historia: "Crisis, what crisis?", con aquella portada que muestra a un joven disfrutando del clima, sentado en una silla de playa con sombrilla y rodeado de basura, y "Even in the quietest moments", el de aquella imagen inconfundible del piano de cola con nieve. Son dos obras maestras de la historia de la música con la que nos obsequiaron Supertramp, que luego nos traerían cosas tan grandes como "Breakfast in America" o el doble LP del concierto ofrecido en París y que llevaba el nombre de la capital francesa. De "chapeau". ¿Cómo olvidarse de aquellas canciones y las sensaciones que nos hicieron vivir?

Lo que pasó después sería demasiado prolijo resumirlo. Este fue el gran comienzo y la continuación espectacular de una banda increíble. Luego pasaría lo que suele ocurrir con el paso del tiempo: divergencias, discusiones y separación. Como en el caso de Lennon con Yoko Ono, que fue decisiva en la ruptura de The Beatles, se puede afirmar sin temor a equivocarse que la mujer de Rick Davies tuvo mucho culpa en la separación de Supertramp.

Hasta nuestros días, uno puede disfrutar de Supertramp por separado. Me explico: por un lado Rick Davies con una banda a la que sigue llamando Supertramp y por el otro Roger Hodgson. Ambos son Supertramp, pero quien de verdad suena a gloria y recuerda al grupo es Roger Hodgson, porque él era, ha sido y será la auténtica voz de Supertramp. Si los Beatles no hubieran sido realidad sin Lennon o McCartney, si los Rolling no serían los mismos sin Mick Jagger, está claro que Supertramp no habría sido tanto sin Roger Hodgson. Davies siempre lo acompañó y puso su calidad en los teclados y la composición, pero cuando uno disfruta en directo de Hodgson, cierra los ojos y escucha a Supertramp. Eso es lo que ocurrirá en sábado, 13 de octubre, en el pabellón Santiago Martín cuando salga al escenario.

Déjenme que les recomiende de veras este espectáculo. Hace días, gracias a la gentileza de LM Producciones, he podido ver y escuchar el concierto que ofreció en Montreal en junio de 2006 y que será muy similar al que ofrezca en Tenerife, aunque espero que el de aquí dure más. Si no varía mucho, se presentará en un escenario con una decoración muy sobria en la que los focos de colores situados al fondo de tarima lucirán. Estará casi en solitario porque se basta y se sobra con su teclado y su guitarra para que parezca una banda, un auténtico hombre orquesta. Solamente un saxo le hará compañía a un lado del escenario. En Montreal fue Aarón McDonald que, aunque digno, no se parece en nada al showman Helliwell, la imagen de Supertramp durante muchos años con aquella melena y aquellas poses tan especiales.

El concierto es una pasada de bueno desde que Roger comienza con los teclados hasta que acaba con su inseparable guitarra; desde que arranca con "Take the long way home" hasta que hace el bis de "Give a little bit", con el que pone punto final. No se lo pierdan si quieren recordar años mozos y si de verdad aprecian la calidad. Este músico es uno de los grandes que aún siguen en la brecha y merece que la gente de Tenerife y la de Gran Canaria, que también lo disfrutará como Almería o Madrid, lo aplaudan a rabiar cuando melodías eternas y emblemáticas como "Don´t leave me now", "It´s raining again", "Breakfast in América", "School", "The logical song", "Poor boy", "Sister Moonshine" o "Two of us", entre otras, nos enamoren una vez más.

Mi mujer y yo tenemos ya en nuestro poder las entradas. Eso sí, tras abonar encantado 70 euros para estar lo más cerca del escenario, que es como queremos disfrutar a este narigudo, cálido, abierto y educado artista nacido en Portsmouth (sur de Inglaterra) el 21 de marzo de 1950, una persona muy agradecida, como podrán comprobar. Un hombre, al contrario de Rick Davies, para el que prima más el lado artístico que el materialista. Además, es de los míos porque sus ídolos son gente tan grande y admirable como Pete Townshend, John Lennon, Paul McCartney y Steve Winwood. Será un buen momento para la añoranza y para recordar que, como rezaba aquella letra: cuando era joven sentía que la vida era tan maravillosa, un milagro, era preciosa, mágica ("when I was young, it seemed that life was so wonderful, a miracle, oh it was beautiful, magical..."). Cuántos recuerdos. Que siga la racha. Estamos de enhorabuena.

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