A PESAR DE LAS ESPERANZAS que trata de darnos el presidente Rodríguez Zapatero desde la primera cámara de TV que trinca en terreno peninsular, la caída en picado de las Bolsas en el final de la semana pasada nos está poniendo la carne de gallina no sólo a los bancos, las entidades financieras y a los empresarios que fabrican hasta agujeros para duchas y regaderas, sino a la gente de a pie; que los primeros no harán negocio, pero los segundos, que somos todos nosotros, estamos empezando a no llegar a fin de mes los que podíamos hasta ahora, porque hay ciudadanos que ya hace tiempo que están en esas circunstancias. Cuando al ministro de Hacienda, señor Solbes, que es el que más sabe de las perras que hay en este país para atender a los pagos de los votos de los electores, con los 2.500 euros que Zapatero paga por hijo nacido y el incremento de planes sociales que se propone poner en marcha el presidente, se le ha puesto al hombre una palidez que se nota a primera vista y un malhumor que se nota a la legua. ¿Y con qué perras -dice Solbes- voy a pagar esos regalos por hijo parido, esa ley de Dependencia, entre otras; esos 118 nuevos funcionarios empleados por don Paulino Rivero, esas subidas de sueldos de los alcaldes y presidentes de Cabildo y esos cheques para que el dentista privado atienda a un pibe, con lo que cobra un odontólogo por una dentadura, si no me queda un euro para pagar al ascensorista del Ministerio y tengo que subir a pie con lo gordo que estoy?
Intuyo que se reimplantarán en España la mendicidad callejera y la venta ambulante de objetos robados, por lo que también habrá más robos que los actuales. Y eso si no llegamos a la antigua práctica de pedir por puertas hasta pan duro. Aunque dudo que sean pan lo que mendiguen, porque da la casualidad de que el artículo de primera necesidad que primero anuncia una subida del precio es el pan que, a partir de dentro de unos días, subirá cinco céntimos de euro por pieza de cualquier tamaño o forma. Después del pan, dicen que costará más caro todo lo que se haga con cereales, debido a la utilización de este elemento, en cantidades industriales, para sustituir a los derivados del petróleo que son los que, de aquí en adelante, moverán los motores, pero no echarán a la atmósfera gases tóxicos como el anhídrido carbónico, que es el que se está cargando la capa de ozono del planeta y produciendo los cambios climáticos, con las lluvias y los calores inesperados, que le anegan la casa a uno o le producen más calor que un horno de pan, pero por dentro. Y téngase en cuenta que la nación tendrá que sacar más perras para crear las industrias que producirán el sucedáneo de la gasolina y lo que cuesta los modernos coches que lo gastan.
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