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EDUCACIÓN, FAMILIA Y SENSATEZ FRANCISCO M. GONZÁLEZ *

"Es de bien nacido ser agradecido"

28/sep/07 02:06
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ESTO ME LO ENSEÑÓ MI MADRE desde muy pequeño, y desde entonces trato de hacerlo siempre, ya que aquello que enseña una madre, en los más tiernos años de infancia, es algo que llega a formar parte de nuestra propia manera de ser.

Por ello, quiero agradecer, a través de esta columna, la entrevista que me hizo el mes pasado en este diario, esa extraordinaria periodista y gran mujer, que es Silvia Curbelo, en la que reprodujo, de manera real y amena, lo que entonces hablamos. Fue más bien una conversación entre colegas, tomando café en uno de los lugares más bonitos de nuestra ciudad: el "Quiosco de la Paz". Sin conocernos de antes, enseguida nos identificamos y empezamos a hablar con toda confianza. Porque Silvia es así, su mirada invita al diálogo confiado, sosegado y apacible; además tiene esa rara virtud de saber escuchar. Cerrada la grabadora, seguimos charlando hasta que nos dimos cuenta de que era hora de ir a trabajar; puesto que, a pesar de los años que nos separan, coincidimos en muchas cosas, como en la belleza de nuestra Ciudad, la literatura de calidad, la buena música, nuestro interés por el jazz?

Debo aclarar que mi colaboración asidua en EL DÍA es reciente, creo que desde la festividad de los Santos Inocentes del año pasado. A partir de entonces todas las semanas, gracias a su director, publico esta columna, si bien, como le decía en la entrevista, mi primera publicación en EL DÍA , se remonta al comienzo de curso 1978-79, "una carta al director", que escribí y publicaron en portada; por lo que buen susto que me llevé, -fruto de mi imprudencia y mi ignorancia- porque la Delegación de Educación y Ciencia de entonces, no tenía muy claro lo de la "libertad de expresión" y yo tampoco. Entre el 94 y 97 publique en este periódico un número considerable de artículos sobre "Educación y familia", lo hice de forma muy esporádica u ocasional. Después colaboré semanalmente en otro periódico de esta ciudad hasta hace poco más de año y medio. Aunque de siempre, escribí en periódicos gallegos; recuerdo en uno de ellos, una columna que titulaba "Elucubraciones al pie de un Volcán", con la que tanto me recreaba y con la pretendía dar a conocer en Galicia, lugares, rincones e historias entrañables de Santa Cruz, de nuestra Isla y del encanto de sus gentes.

Para aclarar a algunos lectores/as, me considero "gallego de Tacoronte", porque mi madre era gallega -muy gallega- y mi padre de Tacoronte (del Correo Viejo) y yo nací en aldea de Ouzande (La Estrada) un pueblo muy cerca de Santiago de Compostela. Pero, de siempre, cada dos veranos los pasábamos en Tacoronte, donde era una maravilla la libertad de la que gozábamos. Desde entonces, se me quedó muy grabado en el alma y que todavía hoy me cautiva y apasiona, es que después de la imagen del Cristo, -del "Macho"- la panorámica del Teide en un día de sol radiante, al atardecer vista desde Tacoronte. Para mí no hay otra imagen ni otra vista con la que se pueda comparar. ¡Es algo que me sobrecoge!

El amor a Santa Cruz me lo inculcó mi padre. Yo, como era el mayor de cuatro hermanos, le acompañaba casi a diario a bajar de Tacoronte para recorrer muchas de las calles y plazas santacruceras; a él le gustaba mucho la plaza Weyler, y a mí -ya de aquella- la de la Paz; él se conocía la historias de todas ellas y de la mayoría de los edificios más "señeros" de la ciudad. Aunque a las Ramblas siempre les llamó el "Paseo de los coches". Algunos de aquellos viajes los hicimos en el viejo tranvía; entonces la refinería quedaba fuera de Santa Cruz, no había semáforos y el tráfico era muy escaso y sosegado.

Mi padre, por razón de su trabajo, tuvo que vivir en varias ciudades de la Península, pero todos los que le conocieron, sabían que en su alma siempre llevaba su condición de canario, su afición a la lucha canaria, a los carnavales y el amor al Santa Cruz de sus años mozos. A mí me lo contagió, por ello al terminar lo estudios -aunque de estudiar nunca se acaba- y tan pronto como me fue posible me vine a vivir aquí. Mi padre, que murió allá por los noventa, tengo la seguridad que desde 'allá' contemplará sorprendido admirado la rápida y trepidante transformación que en los últimos años ha tenido esa ciudad, aunque tal vez extrañado, porque todavía sus habitantes sigamos viviendo de espaldas a un mar, que tanto amaba. Aún así, cada día sigo estando más enamorado de esta ciudad, ahora sólo pido a Dios que me deje muchos años vivir en Santa Cruz; más fue como "librepensador", -que le decía a Silvia- "pensando por libre" y escribiendo en las Ramblas.

* Orientador Familiar

fmgszy@terra.es

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