Tenerife
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El vigilante más alto de España

Antonio es un apasionado de la montaña que ha llegado a subir a pie al Teide 65 veces en un año sólo para disfrutar de la paz del lugar. Como no podía ser de otra manera, su trabajo lo realiza en un lugar alto, muy alto: a 3.270 metros.
23/sep/07 04:10
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N. VIZOSO, S/C de Tenerife

Algo más de un año han durado las obras de rehabilitación del refugio de alta montaña Altavista en el Parque Nacional del Teide. Durante todo este tiempo el refugio ha permanecido ajeno a las miradas de los turistas y los excursionistas ocasionales, siendo visitado únicamente por operarios y trabajadores de la construcción. Sin embargo, Antonio Rodríguez, ha sido una de las pocas personas que han permanecido a diario en este lugar único.

Este enamorado de la montaña, natural de La Orotava, se ocupa de la vigilancia, el servicio técnico y el mantenimiento del refugio desde hace tres años, por ello puede decirse sin temor a equivocaciones que es la persona que tiene su puesto de trabajo a mayor altitud de toda España, pero la verdadera aventura la ha vivido en el último año, intervalo de tiempo en el que actuó como capataz de unas obras de mejora a 3.270 metros de altitud.

A la peligrosidad de hacer una obra a tal altura hubo que añadir las dificultades en el transporte de los materiales de construcción propias de un trayecto ascendente de dos kilómetros de longitud. Una docena de mulas eran las encargadas de subir las herramientas, los enseres y el avituallamiento. "Las mulas venían por el sendero que sube desde Montaña Blanca y llegaron a conocerse de memoria cada recodo del camino", comenta Antonio, "eso sí llegaban hechas polvo pero en el refugio nunca vi morir a ninguna". Sin embargo, quizá la parte más dura de los trabajos haga referencia a la apertura de la zanja necesaria para conducir las canalizaciones de agua de forma soterrada a lo largo del sendero de 1,7 kilómetros de longitud que parte en pendiente desde la estación superior del teleférico hasta alcanzar el refugio con 281 metros de diferencia de cota. La dureza de las inclemencias del tiempo y la adaptación a la altitud fueron las principales dificultades a las que se tuvieron que enfrentar los operarios encargados de los trabajos. "El mal de altura afectó a muchos de los obreros que se tenían que volver porque no soportaban el trabajo a tanta altura", cuenta Antonio.

Los trabajos fueron realmente duros con ciclos en los que los operarios debían pasar las noches en el refugio a medio reconstruir y del que sólo podían bajar los fines de semana. Sin embargo, el esfuerzo ha valido la pena y ahora Antonio espera poder abrir Altavista todo el año.

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