EL NUEVO PARLAMENTO griego es hijo de una notable mezcla de la perspicacia y el reflejo público y de la ley electoral, arreglada en 2004, que la hizo un poco más mayoritaria y dio un plus al partido más votado en nombre de la generalmente percibida como saludable estabilidad. Sin esa reforma "Nueva Grecia" no habría obtenido los 152 votos (la mitad más dos, una mayoría absoluta rondando la precariedad y portadora de algún conflicto potencial) pero eso no atenúa la fuerte caída de la oposición socialista (PASOK), que parecía tener el viento de popa hacia el sexto día de los pavorosos incendios de agosto.
A toro pasado es posible constatar que Giorgios Papandreu, líder del partido, se equivocó cuando tras varios días de ponderación de la grave crisis y desoyendo las voces que le aconsejaban no politizar los fuegos y cerrar filas en la política de asistencia material, entró a saco en el asunto y, vistas las carencias de los equipos forestales, dijo aquello de este gobierno deshonra al país y le humilla.
La gente no es tonta y entendió que con una administración socialista los incendios habrían tenido una gravedad idéntica y prefirió, en cambio, aceptar la política de rápidas indemnizaciones y generosidad un poco excesiva y rapidísima con los afectados, sin esperar, sin instruir expedientes. No muy lejos de doscientos millones de euros fueron empleados a tal fin. Y buena parte de la queja cesó.
Todo el mundo hará bien en anotar que se ha reforzado mucho la izquierda a la izquierda del PASOK, y eso vale para los comunistas y para la nueva izquierda, un día alternativa y radical y hoy más pegada al terreno más convencional. Igual que en Portugal, por citar un ejemplo próximo y bien conocido. Y también que hay derecha a la derecha de Costas Caramanlis y que la curiosa "Alerta Ortodoxa", de derecha ultra y ligeramente xenófoba, entra en el parlamento con diez escaños.
En cierto modo es una normalización porque -al margen del PC, de gran tradición y siempre en pie con su pedigrí histórico- era bastante anómalo que dos monstruos a la izquierda y la derecha y con programas bastante intercambiables dominen la escena política hasta el aburrimiento. Si algún lector piensa en España encontrará algunas similitudes, pero deberá considerar el peso estatal de los grandes partidos nacionalistas y nuestra legislación electoral.
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