LA ALOCUCIÓN del presidente Bush este jueves fue solemne (despacho oval, "prime time" de la TV, mucho trabajo de sus portavoces, que no pararon de hablar, un viaje del vicepresidente en procura de emociones patrióticas...) y, además, fue la guinda de una operación cuidadosa que complica la vida a los demócratas. Lo anunciado era sabido -podrán ser retirados hasta treinta mil soldados para junio próximo empezando con buenas noticias navideñas, unos cuatro mil en diciembre- y, por tanto, estaba amortizado. Lo realmente relevante es que el largo discurso, de casi veinte minutos, confirmó la estrategia presidencial y republicana cara a las elecciones del año próximo.
El presidente y los suyos han utilizado con poco pudor al general Petraeus y al embajador Crocker -profesionales solventes- para que dijeran, ellos, no Bush, que las cosas en Iraq están mal, pero mejoran, y que con tiempo se podrían alcanzar los objetivos esenciales de Washington. Es verdad que Petraeus no contestó a la pregunta clave del senador Warner: ¿mejorará esto la seguridad nacional en los Estados Unidos? Pero no importó demasiado.
Así, la pelota ha pasado a la oposición demócrata, puesta por segunda vez por la Casa Blanca en esa tesitura tras su anuncio de que vetaría toda iniciativa que implicara un calendario de retirada de tropas o previera cortes presupuestarios para seguir financiando la guerra. Los legisladores demócratas temen ser percibidos como poco protectores de soldados en peligro en ultramar, un pecado mortal en política.
Ahora sucederá algo parecido: si el general jefe y el embajador-jefe recomiendan perseverar, ¿por qué dejarlo? El hecho de que Bush y los suyos hayan hecho un juego de manos (enviar 30.000 soldados de refuerzo para retirarlos después poco a poco y dejar el total previo) ha pasado a segundo plano y el escenario se inserta ya crudamente en el terreno político pre-electoral.
Ya se dice que hay un ganador claro, el senador McCain, que anda mal en las encuestas, defensor desde el primer día del famoso "surge" (ola de refuerzo, impulso) que ha logrado los moderados éxitos que el dúo Petraeus-Crocker ha convertido en la munición técnica de la argumentación política del presidente. Bush, visiblemente, ha tomado ya la decisión de dejar el conflicto a su sucesor.
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