YO SÉ QUE EL CUPLÉ -si alguien se acuerda de los cuplés- no decía eso. La canción hablaba de un ramito de violetas. Que no valía más que un real. Aunque vaya usted a saber también a qué equivalía un real de entonces en relación con la escala -con la disparatada escala- del euro. El caso es que el otro día una amiga mía cumplía años y le pregunté qué le apetecía como regalo. Cuando hay confianza esa es la mejor fórmula. Te evitas gastarte el dinero en algo que, luego, no va a ser apreciado y das una oportunidad a la gente para que te revele qué le hace ilusión, dentro de las posibilidades del que obsequia. Tiene que haber confianza suficiente para que el sistema funcione. De modo que ella me pidió lo que de verdad deseaba en ese momento
-Una lata, pero una buena lata, que conste -me advirtió- de berberechos.
La compré. Fui a una tienda de delicattessen, o como se escriba, y adquirí una lata de los pequeños y bivalvos lamelibranquios a un precio insospechado. Hombre? No era como si le fuese a regalar a mi amiga un anillo de brillantes o algo parecido. De todas formas sí superaban los pequeños moluscos en conserva el costo de un bonito y hasta espectacular ramo de flores. Lo comenté, porque uno es sincero-, con la receptora de la exquisitez y me dijo.
-El perfume de las flores es efímero.
-No tanto como los berberechos, cuando te pones a mandártelos, después de haberlos rociado con unas gotas de limón- me permití observar.
Sí. Es verdad -admitió-. Pero, los tiempos cambian. Y nuestro gusto, el de las mujeres -añadió- también.
Titulo el articulillo un ramito de berberechos, porque (dado lo que me había costado la conserva, me pareció que merecía esos honores) envolví el envase del marino producto en un precioso papel de regalo y le puse un pompón dorado de fantasía antes de la entrega. Y porque, por curiosidad, me compré otra lata para mi y cuando la abrí, vi que los minúsculos bichitos originarios de las rías galaicas (eso aseguraba el envase) estaban colocados en su metálico nicho de con una perfección geométrica tal que semejaban una suerte de florido dibujo que hasta sentimiento daba estropearlo por el simple placer de comérselos. Eso bebe pagarse también, imagino? Hay que considerar la oportunidad de la iniciativa, o la caprichosa originalidad, de mi amiga. Tal como se están poniendo las golosinas gastronómicas, quizás acabe siendo más fino por parte del obsequiante y más agradecido por parte de la receptora, regalar un manjar que una joya. Las anchoas de verdad y el atún rojo son tesoros a punto de desaparecer. Por ejemplo. Y tal como se están encareciendo los cereales, las flores níveas y cálidas de una bolsa de cotufas pueden convertirse, dentro de nada, en uno de los más costosos y preciosos regalos de enamorado.
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