EL GRAN ESCRITOR y poeta británico, John Ruskin, daba este consejo: "No enseñéis a los niños jamás nada de lo cual no estéis vosotros mismos absolutamente seguros. Es mejor que ignoréis mil verdades que meter en su corazón una sola mentira".
Para mi sustituto, Hno. Braulio, sacerdote hospitalario, no cabe mayor seguridad de lo que nos dice hoy, bajo el título "Una asignatura difícil". Es de mucho interés porque lo ha vivido:
"Todo se aprende, No hay en el ancho mundo, se nos dice, idea alguna innata. Todo, para vivir, hay que aprenderlo. También para estar enfermo, interesante y apasionada modalidad de vida, y hacerlo como es debido, airosamente, con provecho, se exige aprendizaje.
Dios nos creó para estar sanos. El funcionamiento normal y equilibrado de los órganos, el bienestar, la salud, es lo natural. La enfermedad, por el contrario, es lo accidental, lo imprevisto, lo anormal. Hoy se habla y se escribe mucho de la educación sanitaria, de la formación de hábitos, orientados a fomentar y defender el tesoro de la salud. Poco faltará si no es ésta la primera y más urgente asignatura que todo ser humano debe aprobar a tiempo. Pero ¿qué decir de la educación? ¿En qué lugar la ponemos? Quizá, mirándolo bien, esté incluida la una en la otra, lo cual quiere decir que ambas son igualmente importantes, pero que muy importante, por eso, es muy necesario y urgente la creación de escuelas de enfermos, que impartan clases teóricas y prácticas, con buenos programas? ¿O no? ¿O es un sueño? Si exige una preparación larga y detenida a médicos y personal auxiliar sanitario que los capacite para la debida asistencia a los enfermos, ¿por qué no exigir a éstos la debida preparación previa también para dejarse asistir?
La enfermedad es una situación por la que el ser humano pasa o pasará antes o después, con mayor o menor detenimiento, tan decisiva, tan reveladora de los valores auténticos, que no podemos dejarla expuesta a la improvisación, a una mediocre y precipitada preparación. A veces hasta es conveniente una amenaza o amago del "morbo" que asoma las orejas, si es detectada a la primera, para lo del entrenamiento. Avisos, cautelas y prevenciones no están de más. Valga aquí el dicho de Napoleón: "La educación del ser humano empieza unos años antes de su nacimiento", para hacernos ver la falta que tenemos de que alguien nos diga, aunque a lo mejor ya está dicho, que la curación de la enfermedad debe iniciarse unos cuantos meses, o años, o lustros antes de que empiece a manifestar los primeros síntomas.
Sano o enfermo, rico o pobre, con cultura o sin ella, con suerte o sin ella, lo importante es el hombre, y no digamos el cristiano, por encima de toda eventualidad y circunstancia; lo que trato de mostrar es que, dejando en un rincón lo accidental, como se deja el embalaje de una mercancía, lo que interesa es el contenido, la realidad de una vida cuajada de valores, la actitud de encajar airosamente una situación que pueda ser penosa y no deseable, pero nunca estar destituida de sentido, de razón de ser, de utilidad y significación en lo humano y en lo divino".
Verdaderamente debemos hacer frente, con el mayor esfuerzo, para tener siempre aprobada y con notas altas esta "asignatura difícil" que nuestro Sustituto aquí nos ha ofrecido. Hasta el próximo miércoles.
* Capellán de la Clínica S. Juan de Dios
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