AUNQUE HAYAN TRANSCURRIDO más de quinientos años desde que los europeos pisaron tierras canarias, éstas continúan en manos de algunos que mangonean desde despachos enmoquetados de Madrid, y de otros bobalicones que permiten que se les impongan decisiones desde la distancia por parte de administradores, bien conocidos por estos lares, que no tienen la más mínima idea de nuestro territorio. Así, para esta gente, les es igual idear un proyecto a realizar en Castilla que otro similar en Canarias, llegándose a alcanzar auténticas aberraciones que, luego, el tiempo y el pueblo tratarán de enmendar. Lo que para los canarios, concretamente para los tinerfeños, parece natural y lógico, para estos burócratas, sin embargo, el idioma es distinto. Obras mastodónticas han tenido que derribarse "gracias" a la soberbia mantenida por determinados técnicos que, por esta vez, no vamos a nombrar. El ciudadano conoce, perfectamente, ejemplos que hemos tenido que sufrir porque Madrid lo ordenaba (otros están ya a la vista). Parecía que los métodos empleados por la dictadura habían desaparecido. Pero he aquí que, de la noche a la mañana, se presentan en nuestra Isla empleados de Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea, esto es, los dueños y señores de todos los aeropuertos de nuestro país, y manifiestan que la ampliación de Los Rodeos es una demanda de la sociedad tinerfeña. Hemos preguntado a la sociedad tinerfeña y todos, absolutamente todos, respondieron que no han demandado nada de esa naturaleza. Muy al contrario, lo que sí han formulado es una urgente petición para que las medianías sean protegidas y nuestros campos dejen de ser esquilmados, de una vez por todas, por gente de aquí y de allí.
Estos técnicos desconocen, porque, como siempre, nadie les ha explicado nada, acerca de que, desde donde quieren hacer la ampliación para el estacionamiento de aviones hasta la calle de La Carrera no hay ni un kilómetro (esto no es Castilla), y que los terrenos a expropiar pertenecen a generaciones de familias canarias que se han dedicado a su cultivo. Estudien, con los adulones de aquí, las posibilidades que existen en terrenos cercanos, como la antigua zona militar, por ejemplo, con apenas utilidad, y respeten la historia personal de cada uno de los vecinos afectados. Es evidente que muchos modos siguen vigentes, lo que, de ninguna de las maneras, debe permitirse. Para ello, las personas civilizadas recurren a lo único a lo que tienen derecho: manifestarse.
Por supuesto que, lejos de buscarse soluciones a tan lamentable asunto, Aena, en colaboración con sus representantes socialistas en Tenerife (José Segura, Santiago Pérez, Gustavo Matos, Javier Abreu... de pena), sigue adelante con la intención de que las tierras cultivadas desaparezcan del entorno de Los Rodeos. A lo único que se han atrevido es a ofrecer un justiprecio por las mismas. La solución, afirman, es la idónea porque las instalaciones estarán más centradas con la pista. En otra ubicación, los aviones tardarían más tiempo en las operaciones. Es, quizás, el argumento utilizado con los vecinos de Barajas, pero éstos han conseguido que, en Madrid, se tarda más en llegar desde que el avión aterriza hasta que nos deja en la terminal que en la mitad del trayecto cuyo origen es Tenerife. ¿Cuánto se demoraría el traslado desde el antiguo campamento de la Ips? Siéntense con el Cabildo y hablen de infraestructura rural, de caminos rurales, de redes de riego, de papas, de vino, de conversaciones con los productores, de cultivos frutales... y respeten lo que mucha de nuestra gente ha conservado y mimado durante siglos. Que desaparezcan miles de metros cuadrados de terrenos agrícolas para que aparquen un par de aviones, nos parece un foco fuerte.
Un último apunte dedicado a los vecinos perjudicados: no sólo han sido los socialistas canarios los que se han encorvado ante sus colegas estatalistas. Este Plan Director también fue apoyado, en 2001, por el Gobierno de Canarias, Cabildo de Tenerife y Ayuntamiento de La Laguna. Esto es lo que hay y éstos son los que llevan a nuestra Comunidad pro los senderos de la bienaventuranza.
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